| Crónica | El retorno del polen |
La primavera de los alérgicos
Las escasas lluvias caídas desde octubre auguran una estación benévola con quienes sufren alergia a las microsporas de gramíneas, el principal alergeno de toda España

Una enfermera realiza las pruebas de la alergia a una paciente
Malo para el campo y los embalses, bueno para los alérgicos al polen, y viceversa. Las escasas lluvias caídas desde octubre auguran una primavera benévola con quienes sufren alergia a las microsporas de gramíneas, el principal alergeno en buena parte del país. Los especialistas pronostican concentraciones de 3.500 granos de polen por metro cúbico de aire entre abril y junio. Una situación entre «leve y moderada», muy distinta de la del 2007, cuando la densidad llegó a los 7.000 granos y atestó los servicios de urgencias de la región centro y suroeste. Aun así, alérgicos y asmáticos deben visitar a su médico para acordar tratamientos preventivos. La predicción parte de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic), cuyos vaticinios se han revelado muy precisos en los últimos años. Sirven para el centro y sur peninsular, las regiones de Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía interior y en menor medida para zonas de Castilla y León; en suma, la España de clima continental extremo. No valen para regiones más septentrionales ni para la cornisa Cantábrica, de clima atlántico húmedo, ni para el Mediterráneo, donde rigen patrones de polinización distintos, a veces inversos. Las gramíneas son la familia vegetal más reactiva. Sus pólenes son los más alergénicos y «están en todas partes», ya que cubren el 20% de la superficie vegetal del mundo, explicó Javier Subiza, coordinador del Comité de Aerobiología de la SEAIC. Son también las de comportamiento más variable en función de las lluvias previas, ya que de un año a otro pueden oscilar hasta en un 500 por ciento. El 87 por ciento de los alérgicos al polen lo son al de gramíneas, que alcanza su cenit en mayo. Le sigue el olivo (43 por ciento), quenopodiácea (27 por ciento), plátano de sombra (22 por ciento), cupresáceas (13 por ciento) y parietaria (11 por ciento). Gramíneas y olivo aparte, el resto eran alergias casi anecdóticas hasta hace quince años. Entonces empezaron a proliferar como vegetación y arbolado ornamental en las ciudades otras especies, caso del ciprés, antes árbol de cementerio, y «ha aumentado la exposición a su alergeno», recalcó Subiza. Diésel Paradójicamente, los urbanitas padecen más alergias vegetales que los habitantes del campo. El tráfico es determinante. Las partículas que emiten los tubos de escape, en especial los vehículos diesel, multiplican la capacidad alergénica del polen y provocan una intolerancia «hasta 27 veces mayor» en las personas sensibilizadas. En ciudades como Madrid el 70 por ciento del parque móvil es diesel.