Creado:

Actualizado:

SOLICITA el alcalde mi respaldo o implicación para que declaren fiesta nacional esa ceremonia de «las Cabezadas» que cada año se reitera ante las puertas de San Isidoro y en el claustro de su colegiata. «Foro u Oferta» se llama también. Y como es causa justa, aquí se rubrica la exigencia más que la humilde solicitud, pues tiene la cosa y el bello ceremonio suficientes perfiles y siglos sobrados de rareza y singular teatralidad como para que se le otorgue la distinción sin mayores miramientos y sin tener que rogarlo el pueblo leonés, aquí representado por su corregimiento en galas, con varas y precedido de maceros... dispuesto, en fin, a darle el ciriazo al cabildo isidoriano por las buenas, aunque digan los canónigos que es por las malas. « Las Cabezadas », como « Las Cantaderas », son conmemoraciones de liberación de un mal destino que pesaba sobre los habitantes de esta ciudad de dos mil años (y un día). Si las últimas, arreadas por la sotadera (que aparta sotas, putas), festejan la redención del tributo de las Cien Doncellas (entregadas cada año por los calzonazos reyes cazurros a los harenes del califato), las primeras quieren recordar anualmente cómo intervino la divinidad mediante rezos capitulares para librar a la ciudad de una pertinaz sequía, allá cuando el cambio climático medieval existía sin que nadie hablara de él. En gratitud, el ayuntamiento, el común de los vecinos, da cera, mucha cera, al cabildo de esta basílica, esto es, un lote cirial de muchas libras que los señores canónigos aceptan como obligación de los ciudadanos y no como ofrenda libre. Y cada año lo discuten sin que los siglos limen posiciones ni se vislumbre acuerdo. Cabezonería... y cabezadas, pues la corporación olvida el viejo principio de «antes roto que doblao» y le propina a los canónigos una gratuíta humillación de cerviz, un acatamiento a la autoridad eclesiástica, cosa que en tiempos laicos como estos debería considerar el cabildo como un impagable gesto de reconocimiento y respeto, apeándose pues de sus trece y convidando a toda la ciudad por tan ceremonial acatamiento de su poder religioso y temporal. Vaya pues la corporación como canónigo terco a la instancia pertinente y diga que no es ruego, sino foro (puro derecho), el declarar fiesta nacional este rito... y no habrá más porfía.

Cargando contenidos...