CRÉMER CONTRA CRÉMER
Tiempo de cambio
ENTENDEMOS QUE AQUEL que ha conseguido ser incorporado al núcleo gobernante del país se resiste a abandonar el cargo o el trabajo, según se mire, y se preste a facilitar la labor que se encomiende a quienes se prestan gustosamente, patrióticamente diríamos si no se nos tachara por ello de confundidores; pues decíamos que no nos causa sorpresa contemplar el apego hasta la extenuación de los posibles gobernantes en estos momentos de la acumulación de candidatos. Es este tiempo de repaso y cambio, sencillamente porque al cabo de cuatro años de prueba hemos podido alcanzar el resultado aleccionador de que no todos los llamados y hasta elegidos fueron todo lo eficaces que esperábamos. En plena marcha de gobierno difícil y hasta arriesgado, se ofreció la necesidad de recomponer el cuadro inicial y algunos de los llamados no fueron elegidos o si lo fueron apenas si se les notó. Se hace, pues, inevitable y necesario comenzar por ensayar un nuevo sistema electoral, a fin de que la ley, no implique, como en la situación y forma actual, notorio error que inevitablemente produjo el acto nada ejemplar ni deseado de cambiar de caballo en plena carrera. ¿Se continuará manteniendo la misma doctrina política de respetar la paridad de puestos entre los distintos géneros que forman el "candidatorio", o sea los mismos hombres y mujeres que nutrieron los puestos responsables del Gobierno? Y cabe proclamar, ya a otro pasado, que, salvo algún pecado venial en la confección y proclamación de miembros, todos fueron valientes, fieles y obedientes, lo que sin duda ha inducido al novísimo Presidente del Gobierno a mantener intocable el cuadro gobernante del cual salieron la mayoría de sus adheridos y aceptados; algunos, no todos, como piezas importantes de recambio. Las gentes de mi barrio, a fuerza de legales pero absolutamente libres, como la burra del guarda de la finca, repasan la relación del posible formato gobernante que se nos propone, con cierto recelo, no por otra razón que por la de desear la mayor fortuna en la elección para conseguir el más deseado de los éxitos. Porque nos disponemos a extremar un nuevo equipo para un tiempo duro y nada seguro: los precios de las cosas han adquirido el matiz de las épocas de las vacas flacas y se nos anuncian tempestades que exigen grandes y profundos cambios. Y no se superan las dificultades previstas con la reiteración de los modos y medios que sirvieron para alcanzar la seguridad en la navegación, sino se cuenta con navegantes diestros y dispuestos al sacrificio. Bien está la incorporación de la mujer como parte principal del mecanismo, pero no hasta el extremo de que por respetar las reglas de la paridad se nos vaya la fuerza por la boca. Ni cuentan las preferencias personales para elegir el menú, ni están las primaveras para bollos de Pascual, ni las pruebas para conservar la virginidad. Tal vez sea cierto lo de que los tontos y las tontas no entrarán en el Paraíso, pero no es menos arriesgado encomendar el alma al traidor inconfeso y mártir.