CRÉMER CONTRA CRÉMER
Para el amor no hay razones
ESO DICEN LOS TRATADISTAS. El hombre es el animal que se enamora todos los días y a todas horas. Incluso pueblos como León más bien dados a la castidad por una cuestión económica que no hay quien solucione, tienden a enamorarse a cualquier hora de la tarde, que es precisamente cuando el leonés de pro dedica sus mejores momentos y dineros a visitar el Barrio Húmedo, y en la hora santa de la Semana Santa que es cuando las muchachas en flor salen a la calle para que las vean y las convenzan de que como el amor no hay nada. Lo que sucede con este sentimiento es que por su propia composición tiende a extremar los impulsos del galán por ejemplo y a conceder favores mínimos, pero favores, a las chicas del chiki-chiki¿ Y entonces se producen los desvaríos, los espectáculos agresivos y hasta las acciones bárbaras con las mujeres con vocación de maltratadas. Como demostración de esta tendencia, pienso que natural, se producen hechos como el que protagonizó un varón de Villaobispo de las Regueras, el cual no se anduvo con demasiadas cautelas ni respetos y tal vez impulsado por la inclinación habitual del macho, así que la vio pensó: "Esta o es mía o no es de nadie". Y se fue a por ella, como va el pájaro a las escopetas. El apasionado protagonista de esta al parecer verídica historia, acudió a la llamada del buen amor, a su domicilio, en donde la compañera sentimental, pero menos, le esperaba atada y bien atada y no se anduvo en barras: se lanzó sobre ella, así como el gallo de Morón se lanza sobre la gallina Papanatas, y observando la extraña forma de esperar el amor que ofrecía la muchacha, con una bolsa de plástico atada a los pies y unas bragas en la cabeza con agujeros en el lugar destinado a los ojos, el viril amante exigió a la maniatada que le facilitara los números secretos de su tarjeta de crédito, a lo que la muchacha dijo que leches, que el número que se le demandaba lo guardaba para su esposo, lo que exacerbó a la asaltada, cayendo al suelo con ánimo sin dudas de levantarse con la policía presente. El salteador de honras (que venía a resultar el chico) fue condenado a cinco años cuando menos de trullo y la muchacha juro que nunca jamás se volvería a enamorar, recordando precisamente en aquel momento la poesía que le dedicara otro admirador amante de la lírica y que venía a decir y decía: Si yo le cojo, le mato / al ladrón que esta mañana / ha robao de mi ventana / unos calzoncillos blancos / y las bragas de mi hermana¿ El cronista no informa debidamente sobre si las bragas de que se aluden en el hecho delictivo, eran las que aparecían en autos o se trataba de bragas nuevas. De cualquier modo, se aconseja a las muchachas que no jueguen con las bragas ni con los compañeros sentimentales que ha dicho el alcalde que no anden con leches, que es muy mal ganado¿