Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

Creado:

Actualizado:

DE ESTO O, MEJOR DICHO, DE AQUELLO, hace ya mucho tiempo y la historia ha registrado numerosos episodios, ninguno de los cuales -¡ay!- resulta favorable. Y uno, (o sease yo mismo), no sabe a qué circunstancia atenerse para dibujar el perfil de esta tierra nuestra. En aquel tiempo al cual nos referimos, se descubrió el aceite de colza. Y todos los españoles de «gama baja» nos alegramos porque el descubrimiento suponía, según los estadistas y los manipuladores, una notable mejoría en el gráfico del bienestar de las clases más desfavorecidas. Los centros de la ciencia acogieron el descubrimiento de aquel aceite con grandes aspavientos, sugiriendo que al fin los desheredados, los míseros e infelices ciudadanos de a pie, habíamos dado con un producto que muy bien podría servir para enmendar nuestra precariedad o miseria. El aceite de colza. Al parecer se trataba de una sustancia producida de la semilla de un cierto producto de fácil y barato comercio. Los seres más infelices se apresuraron a adquirir unas garrafas de aquel producto milagroso, y los inventores del descubrimiento se pusieron las botas. Centenares, millares de inefables ciudadanos murieron por los efectos letales del enjuague. Y pasado el tiempo prescrito por los analistas políticos, fueron enterrados los muertos, y los vivos corrieron a recoger los frutos económicos del chollo. Bueno, pues cuando la buena gente de la muy heroica y magnánima ciudad de León, conocido que fue el resultado de la dominación francesa de Napoleón y sus generales y los milagros del Santo Isidoro, el sabio de las Etimologías, santo patrón de Las Cabezadas oficiales y cuando la mariscala de campo, ministra de la guerra recorría los campos en los cuales España imponía la paz o al menos la proclamaba, vuelve a ocupar nuestra atención y cuidado otro aceite, esta vez llegado de Ucrania, que es un país del cual no teníamos noticia hasta que vinieron los emigrantes del Este. Y como aquel de colza, tan mortífero que apenas nos fue alcanzado el aviso del pacto de familia, por el cual se advertía de la peligrosidad de utilizar el dicho enjuague para componer el menú de la clase baja de España, se procedió a la orden de retirada del dicho aceite ucraniano, hasta comprobar que no era tan peligroso como se decía y que dada la situación de nuestra economía estábamos amenazados de morir con los aceites ucranianos puestos, lo mismo que sucedió con la colza de nuestras desgracias. Y es lo que se nos ocurre sugerir a quien corresponde (que nunca se llega a saber quien es): ¿Tiene la culpa el gobierno de las nueve señoras y ocho varones de este nuevo asalto a la integridad de la triste gente que no dispone de medios económicos para utilizar el aceite virgen de España? ¿Quién cuida sus comidas con el buen aceite de España? Y finalmente para no cansar al personal: ¿Quién coña maneja los productos de comer de tal manera que nos amenace con morir de hambre por falta de aceite de verdad?

Cargando contenidos...