CRÉMER CONTRA CRÉMER
¿De verdad podemos?
A MÍ ME PARECE que en cierto modo nos estamos dejando llevar y ganar por el optimismo, que viene a ser la clave de los fracasos. Cuando Felipe el II se salió con aquello de la Armada Invencible impuso en el escudo nacional el signo de la victoria inevitable. Cuando los partidos turnantes que sirven o deben servir para ordenar y garantizar la buena marcha nacional y la seguridad de que no tardando se producirán los milagros de los cuales vivimos desde que nacimos, lo que estamos haciendo en realidad es crear motivos de ilusión. Un político nacional, el señor Costa, que iba para jefe de PP, y sus insurgentes, fue el diligente y cauto candidato que antes de desplegar la bandera, consultó con la sábana santa. Y naturalmente, alcanzó el conocimiento real de la situación: «No estaba para bollos la situación». Y lo dejó para días de más esplendidez política. Los cargos, o puestos o enchufes estaban dados y no cabían borrones ni correcciones. Ni siquiera se le concedió al señor Gallardón, por su buen comportamiento, la gracia de incluirle en la terna de los ganadores. Y quedó donde estaba. Y es que España al final de cada jornada pone de manifiesto, con absoluta claridad, de que confiamos, más o menos, en la Lotería Nacional o en la faena espontánea para salir por la puerta grande. Somos un pueblo de aficionados apoteósicos. Este conocimiento nos invita a aceptar con generosidad y buena esperanza la acción de la Asociación titulada «Acem de León», sobre todo cuando invita a solidarizarse con sus iniciativas en relación con los seres y seras (que diría doña Bibiana) desplazados y en peregrinación existencial hacia el centro de recogida y amparo del Refugiado. Celebró días pasados la Asociación el Día del Refugiado y se puso de manifiesto que en León se ha respondido con tanta liberalidad que ha dado lugar a que la población de la Capital, por ejemplo, haya podido acoger cerca de cuarenta ambulantes en pos de un refugio al que poder acogerse. En los últimos meses anotados como de buena voluntad probada, se acogieron en León: una familia palestina y otros miembros y miembras (que continúa diciendo la ministra señora Bibiana) procedentes de Kazakistán, lo que nos mueve a sospechar que la población de León supera ya la cifra en número y en variedad de etnias. En el pasado ejercicio, León acogió hasta 7.662, lo que convierte a España y a León en lugar adecuado para acoger a cuantos míseros sin techo anden perdidos por el mundo. Y cuando ponemos en circulación la cuestión de si León puede o no con tanta risa, aseguran que sí, que para eso nuestra religión y la de Alá invitan a ser caritativos. Y prescribe: «Sé como el árbol que perfuma el hacha que le hiere». Y vayamos buscando cobijo, porque esto del Día del Refugiado y del acogimiento de tanzanios, cameruneses, colombianos, marroquíes, nigerianos, argelinos y de Burkina Faso, no termina así. Esto se hincha y será entonces el crujir de dientes y el gritar: ¡Viva Pérez de Guzmán!