CRÉMER CONTRA CRÉMER
El médico a palos
ESPAÑA, los españoles, usted y el que suscribe este texto irritado y temeroso. Y para ver de encontrar solución a sus quebrantos, no ha encontrado otro remedio que el de establecer piquetes en los caminos para evitar que los suministros lleguen a su destino. Esto es grave. Es una forma de huelga salvaje de la cual, por desgracia, no suelen conseguirse éxitos razonables. En esta forma de enfrentarse con la realidad enemiga todos pierden, perdemos, y lo aconsejable es, en todo momento, buscar y hallar la senda que hacia el entendimiento y la paz conducen. Este es el triste caso de la dramática desaceleración que padecemos y de la cual nadie sabe todavía cómo vamos a salir. Porque cuando se habla de conundencia para acabar con el sobresalto estamos imponiendo la misma norma que los desaforados de la calle. Y no es eso, no es eso. Ni con piquetes ni con guardias se arreglan los conflictos, sobre todo cuando éstos tienen orígenes ajenos a las posibilidades reales de la sociedad a que va a estar drásticamente sometida. En los establecimientos de comestibles no hay pan, ni carne, ni azúcar. Y el que más y el que menos busca una fórmula que le permita resistir. Pienso, con todos los respetos y cautelas, que se hagan necesarias que se comete una gran equivocación cuando por jugar al escondite inglés, en lugar de declarar la verdad, a quien nos perjudique, tiramos la piedra y escondemos la mano. Sin querer entender que la irritación de la clase media, tirando a baja, no está para jeroglíficos sino para el conocimiento de una verdad que nos duele, que nos subleva, a que tenemos obligación y la necesidad de hacer frente con temple y con inteligencia. Debe tenerse en cuenta, aunque no sea más que a título de información gráfica, que esta población en ascuas lo está porque le consta que una porción dominante pasa sin quemarse, por sobre las ascuas de la huelga sin que nada altere su estatus social ni puede temerse gastos como se instrumentan para el sostenimiento del Estado de la nación. Los bien dotados, los señores ministros, por ejemplo y las señoras ministras, seguirán gallardamente montadas en el cochito oficial mientras el camionero a jornal contempla con estupor la despensa vacía¿ No señores de la Sala, no es cosa de guardias, sino de equilibrio mental, de conocimiento real de la situación y de sacrificios mutuos. ¡Porque no sólo los camioneros son culpables. Todos en ello pusimos nuestras manos¿! ¡Y viva Pérez de Guzmán!... Hemos conseguido ganar a Rusia nada menos y aparecemos en el cuadro general de Europa como un sólido equipo para acometer la realidad¿ ¡Sin tantos guardias, señor ministro! Que no por mucha contundencia se tiene más razón. ¡Ah, y en nombre de la tolerancia, tenemos el derecho a no tolerar la intolerancia!