CRÉMER CONTRA CRÉMER

¿A qué ha venido usted aquí?

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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FUE LA PREGUNTA MÁS INDISCRETA que se pronunció en el Congreso, pronunciada por el señor Rajoy, en nombre, se supone, que de todos los opositores al conjunto gobernante. El pleno del Congreso de los Diputados se echó a temblar esperando por parte del jefe del Gobierno una respuesta no menos agresiva. Por ejemplo, cabía suponer que el señor Rodríguez Zapatero, que por cierto no debe estar para bromas ni para retóricas, enarcó las cejas, segó su acostumbrada sonrisa y se entregó a componer una retahíla de respuestas que al parecer no satisfizo al respetable. Y la réplica a la pregunta belicosa del señor Rajoy quedó sin respuesta y el público complacido se fue al final por donde había venido. Sin romper un plato ni descubrir ninguno de los recursos para dominar la crisis que deberá estar anclada en la mente de todos los señores parlamentarios que viven del cuento o del silencio. La impresión que sacaron los señores y señoras más bien atentos al resultado que a la iniciación del discurso múltiple, fue, quizá la más extendida: El presidente no sabe qué contestar, ni qué argumentar, ni a dónde llegar con sus juegos verbales. Y lo tremendo del caso es o fue que los contradictores, contrincantes y rivales, tampoco dieron con la solución posible. Y cada uno de los representantes, alguno de los cuales tal vez solamente le conocieran y apreciaran en su casa, se entregaron al mismo juego de hablar, hablar, hablar, para no decir nada. Fue, si se quiere y si no se quiere, una forma de tráfico de declamadores descafeinados. De vez en cuando en el solemne ágora sonaban unos aplausos, pero apagados, desganados opacos y sin música interna, como obedeciendo a una consigna establecida para que el entusiasmo tribal no decayera. Decían algunos enterados obedientes que un guión sin fuerza, sin coraje y sin contenido es como un caldero roto, que todo el contenido se le va por las grietas. El esperado «encuentro» para analizar la situación económica de la España en llamas se quedó en eso: en un caldero sin contenido real. Y el movimiento de figuras escénicas no acertaron a salir de la mediocridad y al parecer tampoco de la ignorancia. Terminó el sarao como había empezado: Cambiándose cromos, frases y situaciones, pero sin conmover a nadie, sin convencer a los asistentes, sin memoria feliz para la asimilación. Fue tal el aburrimiento y cual la manipulación de las verdades y de las figuraciones que dio la sensación de un jarro de agua fría para apagar un incendio que amenaza sumirnos en la indiferencia. Solamente quedó en el aire, extendiendo la suave lluvia verbal, para satisfacción de un servicio obligado, la frase indiscreta, pero punzante, dirigida de entrada al señor jefe del Gobierno y padre de la situación: «¿A qué ha venido usted aquí?», andanada agresiva que se apagó, sin dejar recuerdo¿ Para ese resultado, se comentaba en los alrededores del Congreso, no hacía falta tanta farola. «Tanto hambre de verdad y el agua sola¿

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