Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

La tempestad está encima pero el rayo está en mi mano

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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NI ES LÓGICO, NI SENSATO, ni inteligente, ni nada. El hecho de que hayamos dejado atrás en el tiempo la huelga de camiones caídos (por falta de carburante) y su final feliz, no quiere decirse que estemos ya a la otra orilla del río. Ni mucho menos. Los camiones han sido dominados y resultaron vencidos. Convencidos de la inutilidad de luchar contra los elementos y la Guardia Civil, los comprometidos en la pelea dieron marcha atrás y se dedicaron a ensayar un nuevo método de resistencia contra los imposibles legales. Pero que nadie piense que aquí murió al fin Papus sin decir ni chus ni mus, porque el tal y cual Papus todavía está vivo y con esperanza de cólera llegado que sea su hora. Tomaron luego el relevo de la gran protesta nacional los hombres de la agricultura, para los cuales las jornadas fueron tan dramáticas como para los pilotos de camión. Ni había gasolina al alcance de la mano del trabajador, ni hubo gasóleo para los tractores. Y la tierra se muere descuidada y cubierta de desengaños. Nuevamente se han escuchado no obstante, discursos más o menos alambicados que pretenden convencer los señores del mando de que se están preparando planes verdaderamente milagrosos, mediante los cuales volverán los viejos y gloriosos tiempos. Mentira. No existen planes, ni aparece el hombre capaz de traducir el enredo. La sociedad agobiada y angustiada espera con devoción la llegada del santo milagrero. Aunque dado el laicismo predominante y su escasa resonancia en las conciencias no es fácil encontrar los signos que nos anuncien la reforma radical de los malos signos que emanan de la composición, sin duda errónea de los distintos equipos que se han probado a lo largo del quindenio recién cumplido. Se están celebrando congresos para que los partidos, ateniéndose a las voces de mando, elijan las figuras que habrán de componer el cuadro rector de la vida política, social, cultural y religiosa de la nación. Muchas gentes de bien, piensan aunque no se atrevan a decirlo en voz alta, que nos han equivocado, que nos están equivocando con el juego de cambios de actores principales para dar cumplido fin al drama. Ahora resulta que no todos los que fueron elegidos cumplen adecuadamente, intelectual ni técnicamente los valores reales que España necesita para traducir correctamente el maremágnum de nuestro texto político. Es posible que a muchos se les haya evaporado la inteligencia a medida que se presentaban dificultades nuevas y nuevos relevos. Hay varones, elevados a sillones ministeriales que nunca debieron aparecer en escena, y señoras que se equivocan cada vez que abren la boca y son capaces de establecer como anotación gramatical de uso imprescindible para la igualdad que por rematar el término de un discurso, inventó para que la Real Academia de la Lengua se entere, el término más ajeno al correcto¿ Y si esto se produce y la ministra no dimite, es para cambiar de idioma o de ministra. Y es que los jóvenes y las jóvenas somos así, señora.

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