Diario de León
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León

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LA CRISTIANDAD primitiva inventó la Navidad por copiar a los romanos y abollarles las Saturnarles que se celebraban por estas mismas fechas, fiesta gorda, loca y excesiva de siete largos días; los esclavos se hacían señores y todo se volvía patas arriba; todo era esperpento, juerga espesa, arrimamiento y gula a cuatro patas.

En la historia del bicho humano las religiones se superponen copiándose y convirtiendo lo antiguo en lo mismo, pero cambiando el nombre y poco más. ¿Cuántos santuarios en los cerros no se levantaron sobre viejos templos de Diana o aras votivas a Marte, sobre una peregrinación pagana o un campo de brujas?...

Siglos después, a la cristiandad le llegó por todo lado una nueva religión, la Iglesia del Mercado y del Consumo, poniendo altares a un Papá Noel cargado de regalos y tiendas... y entonces, las Navidades, como las Saturnales, empezaron a caminar por la senda del carajo bendito. ¿Qué religión vendrá después a superar esta de ahora que tiene un santo en cada escaparate?...

Muy cerca de la iglesia del Mercado, templo que da su espalda a la plaza del Grano, paseaba anteayer una compuesta paisana, arreglada ella de maqueo y ropas, setentaitantos aparentaba, bien cardado el pelo ralo, curiosina, taconines, pulseras y bolso de medio pelo. Se topó con alguien de su paisaje cotidiano que debió preguntarle por cosa habitual, ya que la escuché reponderle algo que mi hizo ir pensando calle abajo y tarde arriba: «No, hoy no voy de entierro; voy de tiendas». Se ve que la buen aseñora llevaba días teniendo que acudir a exequias y pésames, ristra de muertes de allegados o conocidos, aunque no parecía especialmente lastimosa o dolida, sino confortada por escaparatear. Quiza fuera una de esas habituales ociosas que no se pierden ningún entierro porque se aburren, por enterarse o por fisgar yendo de cuzas, como aquella del «padre, me acuso de ser curiosona o algo chismosa», «en fin, hija mía, procura enmendarte y reza dos avemarías de penitencia»... «por cierto, padre, cuando Jesús murió, ¿qué hicieron san José y la Virgen con la carpintería, la traspasaron, la vendieron?».

¿Será León una ciudad de entierros y tiendas, de industrias convertidas en museos y de una obsesión común: ser todos funcionarios algún día?...

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