CORNADA DE LOBO
Abrazándote
AUNQUE vivieras quinientos años, querido Iñaki, no pasarías un solo día sin dejar de preguntarte, de dolerte y de sentir la ausencia agónica que deja un hijo robado por la muerte... era una criatura en víspera de cumplir tres añines que ya sabían a promesa, a fiesta y a curiosidad incontenible, a inocencia ya traviesa... y a soñarle tres futuros.
Ni las palabras ni los amigos podremos consolarte. Roerás las horas buscando respuestas y maldiciendo, querrás que el tiempo galope hacia atrás para poder coger a tu niño y huir a esconderte en la caverna más profunda donde la miserable ceguera de la muerte sólo pueda dar palos de ciego... y llorarás para que las lágrimas te cieguen a tí el vacío que una y otra vez te mortificará.
Es una dura prueba, Iñaki, un peaje desproporcionado de la vida, un puñal clavado a traición. Nada serenará tu furia, ni siquiera el tiempo que todo lo cura o desdibuja. Y querrás culparte para castigarte. Solemos hacerlo ante la tragedia impensable. No lo hagas.
A tu mujer Cristina la imagino con el alma segada, abiertas las entrañas a la nada, incrédula... y no dormirá porque cree que todo es un sueño irreal del que sólo despertará cuando escuche de nuevo el llanto del crío. Es terrible cómo muerde a una madre la muerte de un hijo que aún llevaba en brazos a dormir.
No sé qué decirte, Iñaki, por aliviarte el mazazo y el dolor, tanto aturdimiento, el morderte los puños y el insultar al puto destino... ni vale que te diga que la vida de vuestro crío, aún con tres años, fue plena por feliz y afable, divertida y placentera... ese será el recuerdo que se lleve de esta existencia porque toda su vida fue así... nuestro caso es bien distinto pues ya coleccionamos mieles y hieles... considera entonces que quizá la fatalidad le ha absuelto de un futuro probable no muy halagüeño... quizá en su tragedia durmió la suerte.
Tómatelo así, ten fuerza y mira cuánta vida te llama entre los tuyos y entre tantos amigos como ha ido ganado tu optimismo y tu franqueza, tus ganas de inventar la vida cada mañana y de querer hacer bien las cosas... tienes voluntad e ingenio, saldrás de esta, saldréis... os lo debéis, aunque ahora todo sea angustia de dolerte y tu pena se abra en abismo, pena negra...
Tira palante... y llora cuanto quieras, amigo, que contigo lloramos todos.