LITURGIA DOMINICAL | JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
La Cuaresma
CONVIENE COMENZAR la Cuaresma recordando que no es un tiempo penitencial hecho con la intención de aguarnos la fiesta y reducirlo a no comer carne los viernes (muchas veces cambiándolo por un plato mucho más caro). El mensaje del Papa para la Cuaresma, fácilmente encontrable, podría ser una buena ocasión para que cada uno de nosotros redescubra el profundo sentido cristiano del ayuno y de todo lo que implica. Sería bueno que cada uno de nosotros dedicara un tiempo a la elaboración de un programa cuaresmal. Es decir, invitar a que cada cristiano dedique algún rato a pensar qué cosas concretas vale la pena proponerse para vivir verdaderamente la Cuaresma como preparación de la Pascua. Un objetivo que nos indica la oración inicial de la Eucaristía de este primer domingo cuaremal: «Al celebrar la santa Cuaresma concédenos avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud».
Durante los 5 domingos de Cuaresma, la primera lectura presenta las diferentes etapas de la historia de la salvación, que este año se centran en el tema de la alianza entre Dios y los hombres. Hoy leemos la alianza que Dios hizo con Noé después del diluvio. Esta etapa inicial de la historia de la salvación nos indica una característica esencial de esa historia: lo que conocemos bajo el nombre de la historia de la salvación no es algo añadido y yuxtapuesto a la historia. Es la misma historia de la humanidad en cuanto es vista a la luz de la fe. No se trata de ninguna historia paralela. Será en el interior mismo de los acontecimientos «profanos» donde el hombre de fe descubrirá el amor de Dios y trabajará para cumplir su voluntad. También hay que tener en cuenta que la historia de la salvación no pertenece sólo al pasado, sino que es una realidad siempre actual y orientada hacia el futuro. La Alianza cósmica no es sólo el primer estadio de la historia salvífica: es el fundamento constante de todas las relaciones de los hombres con Dios. Los cristianos no debemos olvidar nunca esta dimensión «cósmica» o «natural» de la salvación que Cristo nos ha obtenido. La Iglesia será signo de salvación en la medida en que está verdaderamente presente en el mundo que Dios quiere salvar. Y así como los signos sacramentales (el bautismo de que nos habla la segunda lectura) están vinculados con los fenómenos naturales y con los hechos salvíficos del AT, así también la misión de la Iglesia tendrá sentido si ayuda a los hombres a la transformación del mundo y al progreso de la historia.
Este tiempo de Cuaresma nos invita a renovar nuestro compromiso con Dios. Alianza es amistad, fidelidad y compromiso. Por las dos partes. De la fidelidad de Dios no podemos dudar. El es siempre fiel. Nos lo ha demostrado de una vez por todas en la Pascua de su Hijo. Pero nosotros estamos siempre tentados de infidelidad. Todos tenemos experiencia de ello.
Tenemos experiencia de que vivir en cristiano -o sea, según el plan de vida que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús- es difícil, y supone lucha ante las tentaciones de este mundo. Como también lo experimentó Jesús, en sus tentaciones del desierto, que recordamos cada año en este primer domingo de Cuaresma, para mostrarnos el ejemplo de su fidelidad a Dios.