CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO
Por costumbre
ALGÚN admirador cofrade se admira de que este año no hubiera alguna cornada lanzada al bulto del torero como toro resabiado, o sea, al bulto papón, pues gran buto parece si se juntan todos... una cornada para sacudir el polvo folclórico y el sacristaneo que se luce con el cirio montado cada Semanasanta: cofradías, procesiones, pasamanería y floripondio, campanazos y esquilas, rasos y túnicas, paso militar marcado por tamborradas que sonaban en su siglo camino de la horca o del patíbulo, cornetazos para clavar la fe en las nubes... las cien caras de la muerte tallada en madera policromada y aviejada con betún de Judea o sangre seca... pasos y pasos malcopiados de la recia y barroca escuela castellana, de los que sólo unos pocos son castellanos auténticos (los mejores, las pocas tallas valiosas)... otros pasos son escultura vulgarilla que parece salida o escapada de esa factoría de imaginería religiosa que hay en Olot surtiendo al orbe entero y plagando toda iglesia de pueblo o capillita reverenda con escayolas gerundenses de mucho colorín y poca emoción seria, caritas y coloretes para dar pena y poco más...
... y en cuanto a la puesta en escena, qué decir... son evidentes las influencias de todo lugar que han ido parasitando la recia austeridad que siempre tuvo la piedad cazurra procesionante... ahí están ahora los tararís sevillís de cachorros sagrados y esas saetas adornadas con gaitas gallegas... ahí está la peña bailando nazarenos o ese aplaudir a rabiar al equipo local desde la acera y con piropo macareno voceado... tradiciones y novedades en macedonia o revolutum... por no hablar de las ganas contenidas de montar más cofradías, cada cual con la suya, su parroquia, su peña... y su posibilidad de ser algún día vicetesorero segundo y estamparlo en una tarjeta de visita para entrar al fin en el sindicato de amigos cofrades que tienen tienda, negocios, taller... o se las dan.
A los amigos cofrades que echaban en falta la cornada disciplinante les comuniqué dos razones: me aburre ya la cosa y me horroriza hacerme costumbre. Lamento privarles, pues, del cilicio cachondo, pero como al responder hoy he vuelto a meter la pata en el caldero, tendré que sacarla mañana y acabar aquí o interrumpir por un tiempo esta costumbre mía cuaresmal... para que no sea costumbre, ni rito, ni pito.