Diario de León
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Núñez
León

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DE LA PIPUTACIÓN, se sobreentiende, en el treinta aniversario de las primeras elecciones municipales de la democracia. El caso es que el pasado lunes y con motivo de dicha efemérides la presidenta de la primera institución provincial, Isabel Carrasco, convocó a sus antecesores en el cargo, así como al resto de la tropa de diputadines jubiletas para una magna foto de familia, de esas que, como pasa siempre, no caben todos en el cuadro. De los seis ex presidentes, por ejemplo, no salieron cuatro: Julio César Rodrigo de San tiago, Manuel Cabezas Esteban, José Antonio Díez y Díez (de alias el Veinte) y Javier García-Prieto. Se retrataron, en cambio, Alberto Pérez Ruiz y Agustín Turiel Sandín, ambos socialistas, que por ahí siguen.

En esto de los eventos familiares lo que siempre se nota más son las ausencias. Y las críticas de la parentela. De Julio César Rodrigo, el primer presidente de la UCD y ya fallecido, su inasistencia al acto estaba justificada por razones de fuerza mayor, aunque conociendo su retranca como servidor la conoció, no me extrañaría que al día de hoy le hubiera dicho desde su postrer nicho a la presidenta lo que mandó poner Groucho Marx en su lápida: «Perdone, señora, que no me levante». Todo un caballero, en fin.

Los otros tres también, y como tales tienen colgados sus retratos al óleo en la galería noble del Palacio de los Guzmanes. Lo que pasa es que estos últimos fenecieron a manos de sayones suyos, quiere decirse de su propio partido y eso se nota en las miradas, aunque el pintor las haya dibujado con una enigmática sonrisa de «giocondos». Pero, vayamos al grano, los tres tienen en común una cosa: fueron apeados del cargo previo apuñalamiento por la espalda de los suyos y no a manos del rival en limpia lid o elecciones, olvidando segurante la máxima de sir Whinston Churchill, según la cual en política, a mayores de intereses, sólo hay «enemigos, enemigos íntimos y compañeros de partido». El trío de ex que no fue a la Diputación probablemente prefiera descansar en paz entre amigotes y hace bien.

Ha salido en los periódicos que sólo uno de los tres se disculpó en privado a la señora Carrasco e intuyo yo que se trata de Manuel Cabezas, paisano de corazón y decapitado por el PSOE y el PCE de la época, que no en vano se ha pasado veinte años lamiéndose las heridas como para volver a reabrirlas ahora a tontas y a locas por un vino español. Él está jubilado ya de casi todo en la vida y lo que le queda se la pasa tocando la flauta travesera, hay quien dice que el saxofón, como Clinton, en la banda de música de Valencia de Don Juan, único contacto que mantiene con la política local.

En cuanto a los otros dos, José Antonio Díez, que fue materialmente masacrado por uno de Protección Civil de la Junta, decía él que Luis Aznar, imagino yo que estará para cualquier cosa menos para que le suture otra vez los puntos el PP de la Carrasco y luego vuelvan a recosérselos. Punto y final, al último ex presidente, Javier García-Prieto, viejo amigo de aventuras políticas de otros tiempos, cuando los del PCE eran camaradas y los del PSOE compañeros, quedando luego los dos como sendos turistas del marxismo, al decir de Lenin, eso ya ni se cuenta. Como es natural y teníamos con qué pagarnos el billete, él de economista y servidor de oficio juntaletras, nos apeamos ambos dos en la primera estación y se subió al tren que pasaba más a mano o aún sigue sin pasar, como es mi caso, aunque ya se me hace tarde.

Servidor ya no, porque tiene la piel curtida y no se deja picar ni marear, pero a Javi aún le duele la Diputación. Ahora que tanto se reivindica la memoria histórica alguien debería escribir la memoria real de los cadáveres políticos tirados por las cunetas después de Franco. En el PSOE lleva la cuenta Rodríguez Zapatero y seguro que hay para una enciclopedia.

Por otra parte, es una bobada que el trigésimo aniversariio de las corporaciones municipales democráticas se hayan commemorado sin consenso. Peor pueden ser las bodas de oro. Antaño iba uno a escardar noticias en el bar de Gelo, justo en el culo del Palacio de los Guzmanes, y mala era la mañana en la que no te caían de tapa cuatro o cinco confidencias. Pero actualmente la peña se ha dispersado en seis o más bandas: los oficialistas de cada partido por un lado, los críticos por otro y los hay que ni fuman ni beben si no es en presencia de su abogado o, en su defecto, de la presidenta Isabela Carrasco. «Así no hay quien se deje intoxicar», les dije el otro día más o menos por el cuarto vino a los del gabinete de prensa de la Diputación después de pescar una merluza, pero ni una noticia. Visto lo visto en el último aniversario, los de ahora no llegan entre ellos ni de coña, hasta el próximo San Valentín.

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