Diario de León

CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO

Guárdalas

Pedro García Trapiello

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DOS navajinas más; y ya van siete u ocho. Las tengo en gran aprecio. Dije que eran joyas artesanas: ésta de cacha coqueta es de las últimas que hizo el último herrero de Piedras Albas, junto a Luyego, Gregorio se llamaba; y ésta otra es ciertamente la última que hizo el último ferrero de Molinaferrera, Clemente su nombre, una enciclopedia de la fragua y del yunque que sólo enmudeció en su campaneo frisando él los noventa años. Los dos, rendida su vida, duermen en paz bien laborada; maragatos los dos y maragatas ellas, las navajinas, una con cachas de duro boj y la otra de manzano, imitando ambas -es seña maragata- la pata de un cabrito, así que por cheiras cabriteras las tengo, aunque la pezuña que tallaba Gregorio la calzaba con botines de repique y el fierro de su hoja lo sacaba de guadaña vieja, por lo que además es algo barbera y en la mesa siega el embutido o la cecina como si fuera un escalpelo de quirófano. Qué navajinas estas dos. Cuidadín.

Y si miras en esta taleguilla de fieltro, verás todavía otras quince o veinte. No te contaré su peripecia, aunque la tienen. Son navajas menores, atropos de aquí, recuerdos de allá... Algunas son aparatosas, sin gracia y hay tres horribles que no sé por qué las guardo.

Pero aquí tienes la última; y permíteme los pormenores, pues tiene mucho dibujo. Es francesa. La hicieron en «la forge de Laguiole», en Aveyron... navaja muy trabajada, ostitú... ¿puedo calificarla de inmejorable sin que se ofendan en Albacete?... Fíjate: madera de boj blanco en unas cachas más anchas que gordas, esbeltas, lomo de acero labrado como en las escopetas guapas, hoja potente de acero con un filo de bisturí para cortar un pelo en el viento, muelle de ballesta para fijar la hoja como bayoneta, perfecto el ajuste en el ensamblaje y pulida toda ella con escrúpulo. Por lo demás, la razón del fabricante y la cabeza de un toro limusín grabadas en la hoja le dan a la cosa una cierta solemnidad de acero británico. La marca de herrero en el contrafilo y la mosca del fijador de la ballesta son bellísimas y discretas.

Esta navaja me la tenía anunciada Jaime Quindós y me la regaló el otro día. «Obrigado», querido amigo; y me rindo, es la mejor joya ferrera vista. En la mano pesa y en su tacto de boj y acero bruñido hay algo lujurioso. Navaja muy coqueta. Francesita tenía que ser.

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