Diario de León

CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO

En las afueras

Pedro García Trapiello

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JUEVES atravesado. Tómate el día, si te atreves. Y tómatelo con calma. Acomódate. Que no te pise el reloj las ganas... o las desganas. Estornuda y carraspea griposamente para que acepten tu escaqueo; diles que tienes familia en El Ferral; colará tu disculpa y hasta podrías ganarte una cuarentena reparadora. Echarás la siesta del carnero antes de comer, echarás el día a perros y reservarás la sobremesa para las musarañas. Olvidate de noticias y mitineos. Apaga la tele. Fuera ruidos. Háblate. Y pregúntate; por ejemplo: En las afueras de tu corazón ¿cuántos acampan esperando que lo abras y cuántos se fueron para no volver?... En las afueras del corazón ¿tienes al menos tórtolas que aniden en los furacos de tu muralla como lo hacen a miles en la fortaleza de tapial interminable de Marrakech donde las mimam porque eran las que avisaban con sus revuelos si el enemigo exterior atacaba la ciudadela?... En las afueras de tu corazón ¿queda alguno de los amigos perdidos?... ¿y le tienes acampado donde los miedos o donde los vagos?...

Y en los adentros del corazón ¿cuántos vivís?... Sin duda te dirás que unos cuantos, ya, ¿y lo saben todos ellos, se lo dices a menudo o les tienes ahí sentados?... ¿y a cuántos de ellos les has enseñado los recovecos secretos de ese corazón?, porque a la mayoría, o a todos, les tienes en el ventrículo de las visitas y el resto es tabú, tu recinto privado, sólo tuyo, de tus silencios y tus fantasmas, que no son pocos, aunque les tienes con tapabocas o mascarillas, mudos para que no inquieten, encerrados en el cuarto de los olvidos que no se olvidan.

¿No te sientes a veces mortalmente solo en ese fondo de tu corazón?... Pues ya ves, en las afueras de tu corazón no sólo hay miedo, vagancia o intemperie. Está el ruido de la vida, que es la música de la existencia, y verás que hay también gente nueva o cambiada. Creo que deberías darte una vuelta por ahí. Por despejar. Hazlo. Hoy mismo. Ahora. Seguro que tienes un móvil a mano. Haz alguna llamada. Quizá sea lo único sensato y alegre que te proporcione el día. Y mejor aún, da la mano o un abrazo; traban más. En fin, en las afueras del corazón rula la vida. En los adentros te aburres, te agrías y te cuarteas. Sigue ahí y cuando mueras te cantarán lo de «ya se murio el burro de la tía Vinagre»...

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