Diario de León

Sólo el 40% de la población se protege frente a los efectos nocivos del sol

Rubén de la Peña, del Colegio de Farmacéuticos de León, aconseja sacar lo mejor de los rayos solares y evitar el cáncer de piel con una adecuada fotoprotección

Rubén de la Peña es vocal de Dermofarmacia en el Colegio de Farmacéuticos de León.

Rubén de la Peña es vocal de Dermofarmacia en el Colegio de Farmacéuticos de León.

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Los beneficios del sol son incuestionables: antidepresivo, precursor de la vitamina D, que se ocupa de que el calcio sea absorbido por el organismo... estética. Pero exponerse a los rayos solares sin protección, como hace el 60% de la población, es un riesgo que nadie debería correr.

«Se estima que una quinta parte de la población de Estados Unidos va a llegar a tener cáncer de piel», afirma Rubén de la Peña, vocal de Dermofarmacia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de León. Lo perjudicial del sol son los rayos ultravioleta A y B porque «traspasan la capa de ozono». Pero la otra cara de los rayos UV es que «nos ponen morenos al estimular los melanocitos», aclara el farmacéutico.

Para conciliar salud y belleza hay que actuar con sensatez y no cometer «barbaridades» como exponerse durante largos períodos de tiempo y en sesiones repetidas al sol o los rayos UVA.

El cuerpo dispone de manera natural de factores de protección como son los melanocitos, el estrato córneo y el sudor, pero, como aclara De la Peña, la fotoprotección es necesaria para afrontar los largos períodos de sol del verano o la exposición en lugares que multiplican su efecto como la nieve, la arena, la hierba y el agua.

La protección solar se debe utilizar a diario y no debe ceñirse exclusivamente a playas y piscinas. «Lo aconsejable es utilizar un factor más alto al principio del verano y más bajo al final», explica.

Lo primero que hay que tener en cuenta para utilizar un fotoprotector es que «no todas las personas somos iguales ante el sol: el color de la piel, del cabello, la tendencia a las quemaduras y la aptitud del bronceado determinan nuestro fototipo», añade el farmacéutico.

Una persona pelirrojosa y de tez lechosa tiene fototipo I, es decir, con una gran tendencia a quemarse y una aptitud al bronceado nula. En el lado opuesto, una persona de cabellos negros y tez ngegra no tiene tendencia a quemarse y el bronceado potencia el negro de su piel.

Pero todas las pieles necesitan protección en mayor o menor grado. Para acabar con la confusión que las estrategias de markeitng habían sembrado en torno a los factores de protección, la Colipa, asociación que reúne a los fabricantes de cósmetica, ha unificado los criterios de fotoprotección. Y es que «no es mejor una mayor protección, sino aquella que se adapta al tipo de piel.

Los fotoprotectores bajos van del 6 al 10; los medios del 15 al 25; los altos de 30 a 50 y los muy altos de 60 en adelante. Para las pieles infantiles los fotoprotectores incorporan filtros físicos (película) y en lo de pieles adultas los filtros son químicos.

Rubén de la Peña señala que la industria, que dedica un 30 por ciento de la facturación a investigación y desarrollo, se ha esmerado en crear productos que se adapten de forma específica a los hombres con más vello (spray), a las pieles grasas (emulsión) y a las pieles secas (crema). Hay fotoprotectores con maquillaje y los aftersun hidratan, calman y prolongan el bronceado.

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