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León

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Fuiste dueño de tu muerte, tu más leal compañera... tantas veces requebrándote, quebrantándote la fe, prescribiéndose en tu biografía, milaneando tu aire sin amilanarte el resuello, muerte con correajes y pistolón fascistorro, muerte de paseado que el cielo indulta, muerte de esposa y madre que se te alojó costilla adentro, muerte de tantos que te fueron dejando solo, esa muerte que ayer logró besarte porque se te ocurrió dormirte un rato...

Pero es también una muerte mentira, querido Vik, como la de Pereira,con el que sin duda has escaqueado presencias y andáis por ahí fugados y rimando alamedas villafranquinas para libraros un tiempo de estas pesadeces nuestras y estas cuitas provincianas que tú sabes conjurar con verso afilado y cuchillo romo de palo que nunca hiere ni busca matar. O sea, que no te has muerto. Es una broma tuya y no una ironía del destino. No has muerto, no lo creo. Si no pudo hacerlo un siglo entero, agitado, tremendo y fratricida, ¿quién habría de lograrlo?...

Fuiste por culpa del malaje de la historia un vencido que hubo de vivir entre vencedores, pero a la muerte que te pintaron en la frente la venciste tú adueñándote de la vida perra o petarda y de tus pasos pensados en tardes de lectura ermitaña y de olivetti echando humo... resistiendo con terca pasión... sobreviviendo con belleza escrita... y renaciendo en cada línea, no doblando la dignidad, trasteando a los morlacos bizcos del oficio y a los cabestros en fila que andan a codazos en la política o los dineros... y lo haces con la sutileza irónica y brillante de la inteligencia acosada... y despreciada tantas veces en estas gañanerías que propenden más a la grada que a leer ideas o silencios. Es lo que tienen las tierras con profetas: eres un lujo, pero por serlo a diario nos atrevimos a menudearte la talla, a escamotearte el honor debido y a familiarizar tu fama hasta la insolencia confianzuda.

Ahora que has hecho un amago de irte vendrán a por tí con laudes, laúdes o bandurrias; la rondalla del halago póstumo está dispuesta. Pero como sé que no te has ido, que estás y se te espera, que tienes un montón de artículos adelantados, no quiero llorar ni despedirme... y seguiré hablándote.

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