Diario de León
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León

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Septiembre raro: ni secará fuentes, que ya lo estaban, ni arrasará puentes, al menos hasta ser vistos cuando san PlanE baje el dedo. Viene el mes atravesado, como es su norma, y bien cargado de profetas gafes y agoreros con suerte. Sobran futuros negros donde meter las narices y entiznar el vaticinio, a saber: el mañana por la mañana de nuestros dineros tuertos, el otoño mortal de la gripe bizca, el invierno ciego y sin lumbre del parado creciente, el enero del pistolero, la primavera del crimen machorro... y otro verano más de sequía y fuego en el que habrá tan poca hierba, que las vacas comerán sombreros de paja, periódicos de ayer y beberán gaseosa.

Elige cualquiera de estos escenarios, échale miedos con tertulia y sembrarás el pánico con tractor como Drácula en Lepe. No serán pocos los que estén dispuestos a creerte. Nos chiflan las pelis de terror... y en las artes, el horror. Píntalo negro sobre negro. Usa para ello el «negro humo» que devora toda luz y reflejo... y no habrá nieves que valgan o vengan dentro de dos meses para apuntalar la esperanza al menos. Dale al negro, cofrade de la séptima angustia, que Christian Dios también apostará por ese su color favorito, aunque lo alivie con rojos y blancos.

Esta gripe, por ejemplo, viene tan oscurecida que tiene más literatura que la Peste Negra del XVII. Cincuenta mil españolitos ya la pillaron, ahí les ves por la calle sin ser noticia, y sólo diecisiete palmaron, que no parecen tantos ni son más que los que cobra la carretera un fin de semana.

¿Te preguntaste cuánto ha costado hasta ahora esta gripe y lo que seguirá costando?... ¿cuánto nos gastamos en frascos y alarmas?... ¿los laboratorios farmacéuticos repartirán o devolverán a la sociedad algo de las fabulosas ganancias que alimenta la epidemia informativa?... ¿no será esta gripe cosa suya?... Algunos lo señalan o sugieren. Tiene su recibo la sospecha, porque esto de las epidemias viene a ser como los incendios forestales: ciertamente, muchas de ellas lo son por causas naturales o fortuitas, pero alguna será necesariamente intencionada, sembrada, porque soltar virus es demasiado fácil y porque se hace muchísima caja en esos casos. El vendedor de pomadas sólo sueña con gente escocida.

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