El paisanaje | antonio núñez
Cecina-™s and morcilla-™s Wall Street
Made in León, por supuesto. No están suficientemente valorados los esfuerzos del alcalde Francisco Fernández para promocionar los atractivos de la gastronomía local en los Estados Unidos y, ya de paso, los monumentales que, como la Catedral, San Isidoro y las murallas también se están acecinando. La disculpa es firmar convenios de la pobrina universidad de acá con las de allá, que, teniendo en cuenta el poder adquisitivo estudiantil, dan poco más que para la bandurria de Zapatero. En algunos corrillos -”y en corros más grandes de su propio partido-” hay quien critica los viajes como un despilfarro impropio de un Ayuntamiento en la «puta ruina», según el último libro de estilo de discursos de UGT sobre el Banco de España. Pero se equivocan. Al margen de lo que cuesten los pasajes, que ahora están tirados de precio y más cuando se viaja en grupo, puede que sea mejor así y más barato para todos: suba o no la cotización de la cecina cazurra en la Bolsa de New York, por lo menos no rompen nada aquí mientras están fuera. Y el sueldo hay que seguir pagándoselo lo mismo.
La única preocupación que le embarga a uno sobre el kilométrico del señor alcalde es no saber si pudo desenvolverse bien en la Sexta Avenida, cargado como iba con tantas maletas de convenios universitarios, morcillas, chorizos y cecinas de su pueblo -”de estudiantes todos íbamos igual-” buscando un escaparate capaz de competir con Tiffany-™s. Pero lo sabremos pronto en la próxima feria de Vegacervera, si el precio de los chivos sube de manera directamente proporcional a las exportaciones al Tío Sam, al que, por lo demás, se les parecen.
Se anuncian ahora nuevas excursiones promocionales de León a Chicago, Londres y Sídney. Universidades y turismo rural aparte, en la primera de estas ciudades será duro competir con los grandes mataderos y chuletones del medio oeste y la América profunda. En Londres, que es la antítesis de la gastronomía y donde todo se hierve, desde el té de las cinco hasta el jamón york pasando por el puré de patatas, es probable que desprecien a la legación leonesa, como es tradicional allí, alegando que huele a ajo. Los de Oxford y Cambridge ni hablar. Por último y en cuanto a Sídney, la australiana tierra de los conejos y los canguros, es casi seguro que la embajada leonesa despierte allí el mismo interés que aquí Cocodrilo Dundee, pero con boina en vez de sombrero.
Nuestras abuelas, que en paz descansen, le hubieran dicho al alcalde Fernández lo mismo que a nosotros cuando salimos del pueblo para hacer la mili: «hijo, vas a ver mucho mundo». Efectivamente, los chivos migratorios de Vegacervera ascenderán como mínimo a sargentos de cuchara comparados con Blanquita, la cabra de la Legión que era de mi quinta.
Y, ya puestos a ir a las antípodas para dar a conocer León y sus productos, desde aquí asesoramos gratis a Fernández para que, antes de llegar a Sídney, haga escala en Nueva Zelanda, que queda justo al lado. O, si lo prefiere, que empiece a cavar en el Ayuntamiento cuando se aburra, estilo «Viaje al centro de la tierra» de Julio Verne. «A eso de unos diez mil kilómetros saldrá en el otro culo del mundo», dijo ayer el portavoz municipal del PP, Julio Cayón, que esta vez no tiene billete.
Me cuenta un vecino culo inquieto y de lengua larga, que también viaja más que el baúl de la Piquer, que allá en Nueva Zelanda, ciudad de Auckland número 2 de Victoria Street, existe posiblemente el único establecimiento del otro hemisferio y del mundo anglosajón donde el alcalde paisano podría lanzar con éxito los productos de León. Hay que joderse lo pequeño que es el mundo.
A la puerta luce un gran letrero en inglés con grandes letras de neón donde se lee «snack bar». Y debajo, ya en español y con ortografía más menuda: «cañas y tapas, así se come». Algunas veces está abarrotado. Al revés que lo del Ayuntamiento va en serio y no tiene pérdida.
Preguntar por Ángel, el de Nogarejas.