Diario de León

Cornada de lobo | pedro trapiello

Ni las miras

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pedro trapiello
León

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Tengo un libro en las manos y la primera impresión que me sugiere es que las plantas que viven en las grietas de una peña calva o grapadas a la roca madre son admirables, espartanas, espectaculares, solitarias... y libres ; sólo así, escapando del bosque, pueden verlo entero desde su distancia. Admiran esas plantas; pueden vivir perfectamente en situaciones extremas sabiendo que se coronarán de flores cada año porque aprendieron a tratar de tú al hielo y al fuego. Qué plantas. Son menudas y agazapan su portento negándose a morir aunque elijan sitios muertos para nacer. Son el batallón de la resistencia biológica que mejor aguanta las mareas bobas en las que anda lo climático. Son las que colonizan el monte que peló un día el fuego, el hacha o la garlopa de granizos y heladas. A veces son moños solitarios en un farallón calizo de Picos, de Castropetre o en la cara norte del Teleno donde crece el «líquen de Islandia» que antes recolectaban aquellas gentes para venderlo a laboratorios y boticarios.

A veces son matas pequeñarras, erizos de escoba, escarolas planchadas, pompones o matojos de genista que de lejos parecen un ejército de bisontes lamiendo un suelo de pizarras. A veces son tapiz tupido, alfombrón de nudos que cubre una ladera entera de urzal nazareno, brezo portugués, carqueixas rasposas, jarillas, cantuesos, tomillos, gencianas, gamones, enebros enanos, gorbizos... la reórdiga.

Esta flora menuda, créelo, es una enciclopedia con lección magistral en cada hoja. Sabe de cambios climáticos más que las tres próximas generaciones de premios Nobel. ¿Les pregunta alguien por su truco para sobrevivir a los bestiales cambios que sufrieron?

Y ahí las ves como las veo ahora en este libro reciente publicado por un maestro en miradas botánicas, Carlos Romero, ingeniero y doctor en biología. Se titula « Algunos lugares de interés florístico en la provincia de León », un escaparate fascinante de la flora menuda y grandiosa que tienes aquí mismo y ni la miras, la pisas y ni te enteras de que algunas de estas plantas no existen en ningún otro lugar del planeta. Quizá sean las últimas. ¿Y quién lo sabe, quién las cuida?... La mirada sensible de Romero nos acusa.

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