El paisanaje | antonio núñez
La mía no se sostiene
La economía familiar, se sobreentiende. Lo otro, según mi señora, ni fu ni fa. La última sanjuanada de Rodríguez Zapatero para poner fin a la crisis con cinco millones de parados va de economía sostenible, propaganda a tope, subvenciones a molinillos eléctricos que generan luz ecológica, pasta gansa para el carbón de Rodiezmo que suelta un CO 2 de espanto, las tarifas eléctricas a dúo, rock an roll se le llama a eso y todo lo que se pille. La Ley de Economía Sostenible es muy apañada para sostener al presidente del Gobierno, que lo apaña todo.
Una nación como España con cuarenta y tantos millones de habitantes no acaba de caer en la cuenta de en manos de quien está. Va directamente al precipicio. Servidor, que conoce a este chico desde pequeño, diría que no es ni santo ni inmoral: simplemente es un amoral que se conoce desde rapaz los peores trucos de Maquiavelo. De vez en cuando se hace una foto con Obana y las niñas vestidas de góticas -”esa fue muy buena, un fallo-” y lo demás son pamplinas.
La Ley de Economía Sostenible es un bluf, también en lo que respecta a León. Como prometer y meter aquí setenta y cinco millones de euros -”quince mil millones de las antiguas pesetinas-” en la antigua azucarera Santa Elvira, allá por el barrio de El Crucero, que está de lumpen de gitanos hasta el moño y la chimenea, ja chacho. O dos mil millones de pelas en el tranvía municipal. Tal como están las arcas del Gobierno, de la Junta de Castilla y León y del Ayuntamiento esto no lo sostiene nadie. Pero en eso piensan gastar el dinero de los impuestos. Para una vez que tenía razón Zapatero, olvidándose de la azucarera Santa Elvira en los últimos Presupuestos del Estado, vino el alcalde Paco Raquetas y se la quitó. Se ve que no paga él esa mamarrachada de diseño. Oiga, la broma es un huevo de cara y luego hay que sostenella y no enmendalla con un monton de funcionarios, cuyo sueldo también sale de los impuestos. En definitiva, calcule usted la cantidad de cuñadas que se pueden colocar ahí para no hacer nada, como en casa.
La nueva Ley de Economía Sostenible es un batiburrillo infernal, que va desde los molinillos eólicos hasta la guerra contra el carbón, si bien se subvencione a ambos, pasando porque en su casa no pueda usted bajar por Intertnet un disco de Ana Belén -”ni falta que le hace-” y por gastar menos luz, lo cual es una sandez como la copa de un pino. Este chaval que nos preside vende humo y con lo de la economía sostenible, como repita, lo de sostenella y no enmendalla nos va a costar un huevo.
En el rastrillo de medidas para una economía sostenible que oferta este chaval no merece la pena entrar, porque, como bien dijo Mariano Rajoy, son luces de neón en un solar vacío. Se le olvidó añadir que las dichas luces se parecen mucho a las de ciertos locales de carretera, invariablemente situados a las afueras del pueblo, donde, según mi colega de otro periódico, Fulgencio, «hay señoritas que fuman». A este paso La Moncloa va a tener la misma reputación: cuanto más reputadas las ideas de Zapatero, mejor.
Hay, sin embargo, un articulillo de la Ley de Economía Sostenible sobre el que sí cabe hacer una puntualización. Se supone que ha sido aportado por el ministro de Industria, señor Sebastián, el que regala bombillas de bajo consumo con cargo a los impuestos. Según él, se podría ahorrar hasta un veinte por ciento de energía en los hogares y locales públicos si el aire acondicionado no subiera en invierno de los veintiún grados ni bajara en verano de los veintiséis. Ya son ganas de meterse donde no le importa. En Córdoba la llana no sé, pero en León hacía tiempo que no se oían majaderías como ésta.
Con un clima como el aquí, que sólo tiene dos estaciones, el invierno y la de Renfe, lo de los veintiún grados invernales pase. El boletín oficial es el boletín oficial. Pero para llegar en casa a los veintiséis de mínima en julio y agosto tendremos que encender la calefacción.