Cornada de lobo | pedro trapiello
Tranvía matón
Mi información es fiable. Parece que el poner aquí tranvía se debe en gran medida a un tipo que planea secretamente el asesinato de una celebridad mundial que hemos acogido en esta ciudad. Así de claro, de terrible y de probable, pues resulta que el tranvía también mata trillando cada año su cuota de peatones. En Vitoria, donde ya funciona uno de estos tranvías modernos, llevan ya tres muertos por banda.
Estos extremos los conoce muy bien ese tipo que ha podido influir en que se monte el tranvía en León antes que en otras ciudades de más postín y negocio. Se trata de un arquitecto japonés muy influyente en círculos económicos. Fue él quien persuadió a las alturas financieras de la empresa tranviaria para que se priorizara la opción leonesa. Le fue fácil. Vinieron los ejecutivos a vender la cosa a León y también les fue fácil porque una orden de arriba, de lejos y de acatar había llegado antes que ellos. Miel sobre hojuelas. El arquitecto respiró hinchando el pecho con aire de revancha esperada.
Este japonés desequilibrado odia a Gaudí hasta la muerte; sólo su nombre le descompone y disparata. Y le odia porque en la Escuela de Arquitectura de Tokio idolatran a Gaudí y se lo embutieron por un tubo; y por su culpa, por su gaudiana culpa, le suspendieron dos veces el proyecto de fin de carrera... ¡me cago en Gaudí!, exclama con frecuencia el tipo.
Hace tres años, dos amigos del arquitecto estuvieron en España y le contaron que habían visto a Gaudí en León sentado ante Botines redibujando planos. El arquitecto enfureció, ¡no es posible!, eso es que a Gaudí no le mató del todo un tranvía en Barcelona como falsea la historia. Y comenzó a maquinar su crimen prometiéndose que hay que rematarlo de una vez y que ha de hacerse también con un tranvía para respetar el sino biográfico. Así que movió hilos y León tendrá su tranvía... ¡para matar a Gaudí!
Naturalmente, al primero que se lo conté fue a Gaudí en su banco de bronce. Le dije tío, que vienen a por ti, ni te muevas, quieto aquí... y si oyes algún tranvía, ni se te ocurra cruzar la calle... que vienen a por ti, genio... y con voz metálica me dijo «gracias por la información, pero ¡que lo intenten!».