Cornada de lobo | pedro trapiello
Ganaron el indulto
Llamamos monumento a una iglesiota de doscientos años ¿y no a una haya del mismo tiempo o a un tejo con diez siglos en el tronco que hicimos carne de leña y de cañón?... ¿monumento es sólo lo que se levanta en piedra y orgullo?... ¿no son patrimonio monumental un paisaje, una tradición, un río, un libro, una canción?...
Un árbol centenario, siendo el monumento natural de campos y ciudades, no tiene los derechos de un edificio de su misma edad. Esa es su desgracia.
Va siendo hora de indultar a los árboles centenarios para que al menos los nietos conozcan algo de lo que hemos devorado. Va siendo hora de poner severa a la ley para que proteja la inequívoca condición de monumento y de reliquia de estos arbolones. Y ya es hora de permitirles morir de pie para que no acaben siendo viga, tablón o astilla que en la chimenea o en la estufa arde, enrojece y dura como la antracita, como cepo de urz requetevieja... qué destino, qué mala ley les persiguió toda la vida, siempre corriendo o muriendo ante el hacha o el fuego... y de nada les vale hoy haberse librado tantos años de mordiscos y de la muerte... no hay ley ni reglamento taurino que les indulte y les devuelva vivos a sus corrales... y nosotros, el público, parecemos una panda enfurecida de jueces de la horca en las gradas de este gran circo nuestro donde los gladiadores tiran de cuchillo matando esposas, las fieras despedazan presupuestos y las carreras de cuádrigas las hacen jóvenes mamaos soñando con salir un día follando en la tele para hacerse famosos y poderse comprar un ferrari con el que joder millas y alcanzar el orgasmo al estamparse contra un arbolón... pobre árbol... le jodieron también.
En este circo, el árbol-monumento no deja ver el bosque ni la función, así que la gente se los aparta incluso de malas maneras... ¡no me cuentes el problema de la deforestación y déjame ver el partido de una puta vez!...
La selva indonesia sucumbe en una orgía de motosierras... sale la jodienda en el telediario de la cena, sorbemos otra cucharada de sopa y cambiamos de canal para ver puyazos al corazón y corridas del famoseo... el árbol no nos deja ver el circo... y el bosque que, según tú, ese árbol te impedía ver, resulta que ya no está, modorrín.