Diario de León

Cornada de lobo | pedro trapiello

Taos quietos

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pedro trapiello
León

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Se nevaron las vísperas navideñas. Qué bien. Hace más la nieve por sostener la escasa fe en la Navidad que cien cartas pastorales escritas con pluma de ángel y tinta dorada por cien obispos bonachones y orondos como papanoeles. La nieve es un arrebato tocando a refugio, recluye a todos en casina y parece que se reconstruye el estar juntos, el celebrar la unión en la vieja guarida familiar... ¡claro que está bien una Navidad con nieve!... aunque los telediarios sigan aburriéndonos con lo del «temporal», los terribles bajoceros y sus ristra de adjetivos siberianos, gélidos y polares... además de colapsos en autopistas o aeropuertos y las clásicas conexiones en directo con unos camioneros cabreados en Pajares o con un riojano que fue a mear detrás del ayuntamiento y se le congeló la meada en el aire formando un junco de hielo de color champán.

Nieve a manta. Que nieve. ¿Y a quién se lo agradecemos, a las divinas potestades o al cambio climático...? Que nieve y que cubra hasta el ventano de la cocina, aunque si se juntan todos allí tiene también la cosa su peligro nevando sobre mojado o habiendo roces entre la lobada familiar, así que la ya frecuente bronca navideña se incrementa si la nevadona persiste y apresa (la violencia doméstica volverá a depararnos casos tremendos estas navidades). En estos alborotos y rasguños, Agripina ordenaba «¡taos quietos tós!».

A ti y a mí nos puede gustar la nieve y que el mundo tenga que pararse hasta ver si amaina esta magnífica invitación a la pereza con lumbre, caldito, copita, libro o juego, pero a la mayoría de la gente le encabrona el fenómeno natural, la nieve estrangula sus costumbres modorras, sus vueltinas, llegan a casa sulfurados y cagándose en el alcalde fundente, se enervan con todo y se crispan con nada, hablan a voces... y de ahí al guantazo hay sólo un pelo que me cayó en el juanete y me hizo daño.

Por cierto, en casa de los obispos bonachones y orondos como papanoeles también hay cera y se montan cirios. El obispo Uriarte y los curas nacionalistas han repudiado a su sucesor en San Sebastián. Hay bronca en el clero. Vuelan hisopos del nueve corto y ostitús. Vaya por Dios. Qué ejemplo. Y Agripina insiste: «taos quieeeeetos».

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