Frank Cuesta denunciado otra vez: «Llevo viendo 15 meses ese animal en jaula…» y el operativo movilizó a 35 agentes
Nueva denuncia, 35 agentes y un animal encerrado durante más de un año: la presión legal sobre el santuario de Frank Cuesta no cesa

Frank Cuesta graba su testimonio frente a la estación de policía, tras ser reportado por la supuesta liberación de iguanas en su santuario.
Hace apenas unos meses, Frank Cuesta rompía su silencio en una entrevista exclusiva en ‘Código 10’, tras la oleada de acusaciones que lo situaban en el centro de una controversia global. Entonces, lo dijo sin rodeos: «Todo esto viene por envidias y despechos». Según detalla, esta vez el operativo se activó por un vídeo en el que aparecía soltando iguanas, lo que llevó a que autoridades de distintos cuerpos se personaran en el lugar. El operativo movilizó a 35 agentes y terminó con un nuevo reporte policial contra él.
«Me han reportado otra vez», comienza diciendo, en un tono que revela cansancio ante lo que él describe como una persecución constante.
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El operativo policial y el nuevo reporte
«Hemos batido récord, son 35 hoy», señala Cuesta, quien afirma que todos los efectivos procedían de fuera de su provincia. «Todo esto viene de fuera, no viene de Cancha Naburí, ni de la policía, ni de Parques Nacionales de aquí», insiste.
El motivo oficial del reporte es la aparición de una iguana fuera del recinto: «Me han puesto un reporte porque han encontrado una iguana de las pequeñas fuera». Según su versión, el animal fue devuelto inmediatamente y mostró a las autoridades cómo está estructurado el sistema de contención: «Les hemos enseñado que hay un montón de iguanas dentro de la caja, que tenemos el eléctrico para que no se salgan».
Aunque reconoce el riesgo medioambiental de una posible cría descontrolada —«si ellos consideran que puede ser algo malo para el medio ambiente porque se escapen y críen… mea culpa»— también señala que la posibilidad de que sobrevivan en libertad es mínima: «Si alguna se escapa, los gatos, los perros, los civetas y todo lo que hay por fuera las van a matar o se las van a comer».
15 meses en una jaula: la otra cara del santuario
Más allá del operativo, el vídeo expone una preocupación que Cuesta no logra ocultar: la situación de uno de los animales que, según cuenta, lleva más de un año en cautiverio. «Lo llevo viendo 15 meses metido en una jaula», afirma, en un momento de confesión emocional. «Me da una pena de la hostia», añade.
La referencia surge en medio de una reflexión sobre los límites de su capacidad como rescatador: «Obviamente yo si fuera millonario compraría todos los animales, os lo juro, y cerraría estos sitios», dice, justificando que no siempre puede actuar con la rapidez que le gustaría: «Se me parte el alma, como os digo… estoy intentando a ver si de alguna manera lo puedo sacar de aquí».
El testimonio revela la contradicción inherente a muchos centros de rescate: la intención de liberar frente a las dificultades prácticas que impiden cumplirlo. «Tiene ahí una pata que tiene una uña ya toda jodida para siempre», explica sobre el estado del animal.
La persecución, según Cuesta: «Esto va a ser así toda la vida»
Más allá de esta denuncia concreta, Cuesta cree estar siendo víctima de una estrategia para sacarlo de circulación. «Es ese feeling que la policía sabe que esto es un acoso y un derribo buscando cualquier cosa por la cual me puedan enganchar», sostiene. Según relata, la actuación se activó por un vídeo cortado y traducido del español al tailandés y al inglés, lo que, a su juicio, distorsiona el contexto y magnifica el caso.
«Hoy no eran tres cuerpos de policía, eran cuatro», detalla. Entre los supuestos motivos del reporte figuran además acusaciones sobre presuntos trabajadores ilegales, aunque finalmente, dice, «han mirado todos los permisos, han mirado todos los papeles…»
La sanción, en esta ocasión, es menor: «La multa creo que son 4.000 bahts, una cosa así como 110 euros.» Pero el patrón que describe es el de una cacería continua. «Esto va a ser así toda la vida, cada tres meses o me detienen o me van a hacer cualquier cosa», lamenta.
Pese a todo, mantiene el compromiso: «El santuario se queda en el mismo sitio y los animales se quedan allí, no se han llevado ninguna iguana ni se han llevado nada.» Y concluye con una frase que lo resume todo: «Hay que tomárselo a risa, chavales… pero la verdad es que a veces lo piensas y dices: merece la pena. Y cuando llegas al santuario y ves a los animales, dices: merece la pena.»