La astronauta leonesa Sara García Alonso: «Estudiar células de cáncer en el espacio puede revelar pistas que aquí no vemos»
Investigadora oncológica en el CNIO y astronauta de reserva de la ESA, Sara García Alonso explica el potencial del espacio como laboratorio clave para entender mejor las células tumorales

Sara García Alonso, bióloga molecular y astronauta, en una aparición pública reciente
Sara García Alonso, científica e investigadora del Grupo de Oncología Experimental del CNIO, ha ofrecido una de las intervenciones más lúcidas y reveladoras sobre el vínculo entre el cáncer y la investigación espacial durante su participación en el podcast 'Esto no ha pasado' de Onda Cero. Astronauta de reserva entrenada por la ESA y especialista en oncogenes como KRAS, su discurso destila un equilibrio entre rigor, ambición científica y sentido común.
A lo largo de la conversación, Sara deja claro que no se trata de imaginar hospitales en órbita ni viajes espaciales para pacientes oncológicos. La clave está en cómo la microgravedad permite observar comportamientos celulares imposibles de estudiar en la Tierra, abriendo así nuevas ventanas terapéuticas. En sus propias palabras: «No, un paciente con cáncer no tiene que irse al espacio a curarse, pero estudiar allí las células puede darnos pistas que aquí no vemos».
Cómo la microgravedad modifica las reglas del juego
La científica explica que en condiciones de microgravedad las células tumorales se comportan de forma distinta, lo cual permite detectar nuevas vulnerabilidades y posibles dianas terapéuticas. Esta alteración es valiosa para el desarrollo de tratamientos innovadores y más específicos. Entre los experimentos que le gustaría llevar al espacio destaca la cristalización de proteínas (casi imposible de lograr en la Tierra debido a la gravedad) y el uso de organoides, pequeñas estructuras celulares que simulan órganos humanos y que en ingravidez pueden desarrollarse en tres dimensiones, generando modelos más realistas de cómo se comporta un tumor en el cuerpo humano.
Además, Sara subraya que el entorno espacial actúa como un modelo de envejecimiento acelerado: «Un astronauta en el espacio tiene una degeneración de pérdida de mineral óseo 10 veces superior al peor caso que se da aquí en la Tierra». Esta condición permite estudiar enfermedades como la osteoporosis desde una perspectiva única, generando también avances para los tratamientos en la Tierra.
Lo que el espacio revela y lo que la ciencia confirma
Durante la entrevista, también desmitifica algunas ideas erróneas sobre supuestos efectos rejuvenecedores del espacio. Si bien existen fenómenos celulares curiosos, como la elongación de telómeros observada temporalmente en algunos astronautas, estos efectos no son permanentes ni necesariamente positivos. Lo que sí parece incuestionable, según afirma, es que «lo que más ha demostrado que nos mantiene jóvenes y sanos es el ejercicio».
García Alonso también recuerda que no todo está en manos de la investigación avanzada. Muchas de las causas del cáncer están directamente ligadas al estilo de vida y a factores de riesgo evitables. Critica con claridad tanto el marketing engañoso como las teorías pseudocientíficas que desinforman a pacientes: «Yo no me fiaría de nadie que no sea tu propio médico oncólogo». Frente a modas peligrosas que desligan el cáncer de su base biológica, como teorías que lo vinculan a «heridas emocionales no sanadas», defiende sin rodeos el papel de la genética, los oncogenes y la evidencia empírica.
El cáncer, las mutaciones y el darwinismo celular
En una explicación clara y visual, Sara García Alonso recurre a una metáfora automovilística para describir el comportamiento del oncogén KRAS, una de sus líneas de investigación principales: «Es como si el acelerador del coche se quedara trabado y la célula se dividiera sin control». Esa mutación provoca que las células cancerosas se multipliquen rápidamente, acumulando errores generación tras generación. Lo que ocurre entonces es pura selección natural: «Las que se han adaptado mejor sobreviven», afirma.
Esta capacidad de adaptación es precisamente lo que convierte a las células tumorales en rivales tan complejas. Y si algún día encontramos vida fuera de la Tierra, no le sorprendería que sus estrategias evolutivas se parezcan a las de estas células malignas: resistentes, autónomas, imprevisibles.