La astronauta leonesa Sara García quiere llevar su investigación contra el cáncer a la Estación Espacial Internacional: qué puede estudiarse allí

Sara García, investigadora del CNIO y astronauta de reserva de la ESA, quiere aprovechar una futura misión a la Estación Espacial Internacional para estudiar el cáncer en microgravedad, un entorno capaz de modificar el comportamiento de células tumorales, organoides y proteínas

Sara García Alonso, astronauta de reserva de la ESA e investigadora en oncología molecularGetty Images

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La aspiración de Sara García Alonso de viajar al espacio tiene una peculiaridad: para ella, llegar a la Estación Espacial Internacional sería también llegar a un laboratorio difícil de reproducir en la Tierra. La investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y astronauta de reserva de la Agencia Espacial Europea (ESA) quiere unir allí las dos vertientes de su carrera y estudiar el cáncer bajo unas condiciones físicas extraordinarias. «Me encantaría una misión a la ISS para poder llevar a cabo experimentos científicos, ojalá que relacionados con mi medicina, con investigación contra el cáncer», aseguró en una entrevista con EFE publicada el 11 de septiembre.

Su objetivo cuenta con una base científica concreta. La microgravedad modifica la forma en la que células, tejidos y proteínas se comportan, y permite observar fenómenos difíciles de estudiar bajo la gravedad terrestre. La propia ESA incluye entre las investigaciones posibles a bordo de la ISS la biología celular, las células madre, la medicina regenerativa, la ingeniería de tejidos 3D y la investigación del cáncer.

Sara García quiere unir la investigación contra el cáncer y el espacio

La noticia vuelve a situar a Sara García ante la posibilidad de convertir una futura misión espacial en una extensión de su laboratorio. La científica leonesa, nacida en 1989, se doctoró en Biología Molecular del Cáncer e Investigación Traslacional y desde 2019 trabaja en el CNIO, donde participa en la búsqueda de nuevos tratamientos para los cánceres de pulmón y páncreas. En 2022 fue seleccionada para la reserva de astronautas de la ESA.

Su deseo de llevar la oncología al espacio viene de lejos. En una entrevista con la Asociación Española Contra el Cáncer ya explicaba que en condiciones de microgravedad se habían observado cambios en células tumorales, entre ellos alteraciones relacionadas con su crecimiento, migración y sensibilidad. Para García, estudiar esos comportamientos podría sacar a la luz vulnerabilidades que permanecen ocultas bajo las condiciones habituales de un laboratorio terrestre.

La idea resulta clave para entender su proyecto. El objetivo consiste en utilizar el espacio como herramienta experimental para formular nuevas preguntas sobre el cáncer y trasladar después ese conocimiento a la investigación realizada en la Tierra.

Sara García podría estudiar cómo cambian las células tumorales en microgravedad

Una de las posibilidades que más interesan a Sara García consiste en observar qué ocurre con las células cancerosas cuando prácticamente desaparece el efecto de la gravedad.

En la Tierra, la gravedad condiciona procesos como la sedimentación y la convección. En microgravedad esas fuerzas cambian y las células pueden organizarse de otra manera. La ESA lleva años estudiando estas posibilidades y señala que los cultivos tridimensionales de tumores, organoides y esferoides pueden desarrollarse en el espacio con características distintas a las obtenidas bajo gravedad terrestre.

Esto permite crear modelos que se parecen más a determinadas estructuras tridimensionales de los tejidos humanos. En lugar de observar únicamente células extendidas sobre una superficie plana, los científicos pueden estudiar cómo interactúan y se organizan formando estructuras complejas.

Y esa investigación ya ha dado un salto importante. La ESA informa de que el proyecto HORUS, lanzado a la Estación Espacial Internacional en marzo de 2024, utiliza modelos tridimensionales de tumores cerebrales para analizar cómo la microgravedad afecta al comportamiento de las células, su expresión genética y sus interacciones. El objetivo pasa precisamente por identificar posibles nuevas vías terapéuticas contra el cáncer.

Sara García también quiere estudiar organoides que crecen de otra forma en el espacio

Los organoides constituyen otra de las líneas que interesan a Sara García. Son pequeñas estructuras tridimensionales cultivadas a partir de células que reproducen determinadas características de un órgano y sirven para estudiar enfermedades y probar estrategias terapéuticas.

La propia científica ha trabajado durante su formación espacial con experimentos relacionados con estos modelos. García ha explicado que la microgravedad favorece el crecimiento tridimensional de los organoides, lo que abre posibilidades para estudiar enfermedades complejas como el cáncer.

La diferencia puede parecer pequeña, pero afecta al modelo sobre el que trabaja el investigador. Un tumor real constituye una estructura tridimensional en la que las células se comunican, compiten por nutrientes e interactúan con su entorno. Cuanto mejor reproduzca un modelo experimental esas condiciones, más información puede aportar sobre el comportamiento de la enfermedad.

Sara García podría aprovechar el espacio para estudiar proteínas imposibles de cristalizar bien en la Tierra

El interés de Sara García va todavía más lejos. En una entrevista concedida a Newtral explicó uno de los experimentos que le gustaría trasladar al espacio: la cristalización de proteínas vinculadas a posibles dianas terapéuticas.

Para diseñar determinados fármacos resulta fundamental conocer con enorme precisión la estructura de la proteína sobre la que deben actuar. García explicó que algunas proteínas resultan difíciles de cristalizar en la Tierra porque la gravedad favorece fenómenos como la sedimentación y la incorporación de impurezas. La microgravedad puede ofrecer condiciones distintas para obtener cristales y analizar esas estructuras.

No se trata de una posibilidad puramente teórica. La cristalización de proteínas lleva décadas formando parte de los experimentos realizados en la Estación Espacial Internacional y la ESA continúa desarrollando proyectos farmacéuticos basados en esta ventaja.

Conocer mejor una proteína puede ayudar a identificar dónde y cómo debería actuar una molécula diseñada para bloquearla. De ahí el potencial de conectar el laboratorio orbital con el desarrollo de nuevos medicamentos en la Tierra.

Sara García ve en la Estación Espacial Internacional un laboratorio contra el cáncer

La microgravedad también se ha utilizado para investigar nuevas formas de administrar tratamientos. La ESA recoge experimentos relacionados con la microencapsulación de fármacos, una tecnología que busca transportar sustancias terapéuticas hasta zonas concretas y mejorar su administración frente a determinados tumores sólidos.

García ha planteado incluso un futuro en el que algunas instalaciones orbitales puedan funcionar como pequeñas fábricas para producir determinados compuestos farmacéuticos o cristales de proteínas bajo condiciones imposibles de obtener de igual manera en la Tierra.

Conviene mantener una distinción importante. Investigar el cáncer en el espacio no significa tratar a los pacientes fuera de la Tierra. Los experimentos buscan aprovechar la microgravedad para comprender mecanismos biológicos, descubrir posibles puntos débiles de las células tumorales, mejorar modelos experimentales o desarrollar sustancias que después puedan estudiarse y utilizarse en nuestro planeta.

Sara García todavía necesita una misión para llevar su investigación contra el cáncer a la ISS

El gran condicionante para Sara García sigue siendo la misión. Pertenece a la reserva de astronautas de la ESA, por lo que formar parte del cuerpo europeo tampoco implica tener asignado automáticamente un vuelo espacial.

En París, durante la Cumbre Espacial Internacional, García reconoció que espera que aparezcan nuevas oportunidades para viajar a la ISS y expresó su deseo de que alguna termine asignándosele. «Ojalá alguna de ellas pueda ser para mí», afirmó a EFE.

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Mientras espera, continúa trabajando precisamente en el terreno que querría trasladar a la órbita. Su perfil en la ESA recoge que lidera proyectos dirigidos a descubrir nuevos tratamientos para los cánceres de pulmón y páncreas, una trayectoria científica que precede a su selección como astronauta.