La astronauta leonesa Sara García confiesa cuándo descubrió su verdadera vocación: «Tenía ya más de 20 años»
Sara García reflexiona sobre la vocación, la elección de carrera y las dudas sobre el futuro y cuenta cómo descubrió su camino profesional en la investigación contra el cáncer cuando ya tenía más de 20 años

Sara García, candidata española a astronauta de la Agencia Espacial Europea, durante la presentación de «El Mago Pop», el show de Antonio Díaz que ha superado los tres millones de espectadores
Con la vuelta a las aulas acercándose, las dudas sobre qué estudiar, qué carrera elegir o cuál es nuestra verdadera vocación vuelven a aparecer. Sara García, astronauta e investigadora contra el cáncer, ha compartido una reflexión dirigida precisamente a quienes todavía no saben qué quieren ser de mayores. Su propia experiencia rompe con la idea de que todo el mundo debe descubrir su camino profesional desde pequeño: «Yo era un mar de dudas», reconoce al recordar cómo vivió ella la elección de su futuro.
La reflexión parte de una pregunta aparentemente sencilla que puede convertirse en una auténtica presión para estudiantes y jóvenes: «¿Tenéis muy claro lo que queréis ser de mayores?». Para García, tener una respuesta inmediata no es imprescindible. Hay personas que encuentran pronto aquello a lo que quieren dedicarse y otras que necesitan estudiar, probar y experimentar antes de descubrirlo.
Sara García normaliza las dudas sobre la vocación y la elección de carrera
Sara García comienza su reflexión alejándose de una de las ideas más repetidas cuando llega el momento de escoger estudios: que tener una vocación clara desde muy joven es necesariamente el escenario ideal.
«Afortunados y afortunadas los que tenéis una vocación ya desde ahora», señala. Pero inmediatamente introduce un mensaje dirigido a quienes se encuentran en el extremo contrario: «También es maravilloso si todavía no lo tenéis claro. Es normal».
La propia experiencia de la astronauta e investigadora sirve como ejemplo. García reconoce que durante su infancia no tenía una profesión concreta en mente. Todo lo contrario. «Yo cuando era pequeña quería serlo todo, absolutamente todo. Yo era un mar de dudas», recuerda.
Su mensaje cobra especial relevancia en un momento del año en el que muchos estudiantes vuelven a enfrentarse a decisiones académicas y profesionales. Elegir una carrera, un módulo o una determinada especialización puede parecer una decisión definitiva, pero la experiencia que relata García muestra un recorrido bastante diferente.
No tener una vocación definida desde la infancia no impidió que terminara encontrando aquello a lo que quería dedicar su vida profesional.
Sara García cuenta cuándo descubrió su vocación por la investigación contra el cáncer
La vocación de Sara García por la investigación contra el cáncer no apareció durante su infancia ni estaba completamente definida cuando comenzó sus estudios universitarios.
«Fue viviéndolo y experimentándolo cuando descubrí mi vocación», explica. Y el momento llegó bastante después de lo que podría imaginarse al observar su trayectoria profesional.
«Tenía ya más de 20 años y estaba a punto de terminar la carrera», recuerda García.
Fue entonces cuando participar en un proyecto relacionado con la investigación contra el cáncer cambió su percepción sobre aquello a lo que quería dedicarse. No se trató, según su relato, de una decisión tomada de antemano, sino de una vocación que apareció a través de la experiencia.
«Descubrí que eso era lo que me gustaba en la universidad», explica. A partir de aquel momento tomó una decisión que marcaría su trayectoria profesional: «Ahí es donde decidí que me dedicaría a eso, que dedicaría mi vida profesional a investigar contra el cáncer».
Su experiencia introduce así un matiz importante en el debate sobre la elección de carrera. Estudiar una determinada titulación no implica necesariamente conocer desde el primer día cuál será el camino profesional posterior. Para García, fue precisamente involucrarse en un proyecto concreto lo que terminó permitiéndole descubrirlo.
La reflexión de Sara García sobre la vocación también tiene un componente especialmente cercano. Incluso después de haber encontrado un ámbito profesional que le apasionaba, la investigadora reconoce que la pregunta sobre qué queremos llegar a ser puede seguir acompañándonos durante años.
«Ahora que ya soy mayor, sigo sin tener claro qué quiero ser cuando sea mayor», asegura.
La frase resume buena parte del mensaje que quiere trasladar. La vocación no tiene por qué entenderse necesariamente como una decisión única, temprana e inamovible. Su propia historia muestra que puede aparecer después de los 20 años y después de haber recorrido buena parte de una carrera universitaria.
En el texto con el que acompaña el vídeo, García amplía precisamente esa idea. Explica que algunas personas tienen clara su vocación desde la infancia, otras la descubren durante la universidad y algunas no encuentran su verdadera pasión hasta después de los 50 años. También defiende como válidas las posibilidades de cambiar o sumar vocaciones a lo largo de la vida.
Una perspectiva especialmente pertinente ante la vuelta al curso académico y las preguntas que inevitablemente regresan con ella. Porque escoger estudios importa, pero la experiencia de Sara García plantea una alternativa a la presión por acertar a la primera: experimentar también puede formar parte del proceso para descubrir qué queremos hacer.
Y su historia lo resume de una manera especialmente sencilla. La investigadora que terminaría decidiendo dedicar su vida profesional a la lucha contra el cáncer no lo tenía claro desde pequeña. Primero tuvo dudas, estudió y experimentó. La vocación llegó después.
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Patricia de la Torre