Helen Mirren, 81 años: «Evito a los médicos y uso la IA»; los médicos advierten del riesgo de imitarla
La actriz ha contado que tiende a ignorar sus problemas de salud y considera la inteligencia artificial una herramienta sorprendente para resolver dudas

Helen Mirren ha contado que evita acudir a los médicos y que recurre a la inteligencia artificial para resolver algunas dudas relacionadas con la salud.
Helen Mirren reconoce que su manera de enfrentarse a cualquier preocupación relacionada con la salud está en las antípodas de la hipocondría. «Simplemente lo ignoro todo», contó la actriz, de 81 años, en una entrevista con Entertainment Weekly durante el Festival Internacional de Cine de Toronto. Allí confirmó que evita acudir a los médicos y, cuando su compañero Alden Ehrenreich comentó que le gustaría tener un médico viviendo en casa, Mirren respondió: «Bueno, lo tienes. Se llama IA».
La conversación se produjo mientras Mirren promocionaba 'A Talent for Murder' junto a Ehrenreich y Olivia Cooke. Fueron sus dos compañeros quienes contaron que habían conectado durante el rodaje por considerarse ambos hipocondríacos. Mirren se situó inmediatamente en el extremo contrario: «Deberían diagnosticarme lo contrario a la hipocondría», bromeó.
Helen Mirren: «Evito a los médicos»
Cuando Ehrenreich quiso saber si aquella actitud significaba que realmente evitaba acudir al médico, Mirren no dejó demasiado espacio para la duda: «Evito a los médicos», respondió.
Fue entonces cuando la conversación derivó hacia la inteligencia artificial. Ehrenreich planteó lo útil que sería poder tener un médico viviendo en casa y Mirren respondió: «Bueno, lo tienes. Se llama IA». La actriz calificó después esta tecnología de «increíble» y puso como ejemplo la posibilidad de recurrir a ella para consultar una molestia o un problema relacionado con la salud.
Utilizar un chatbot para resolver una duda médica, sin embargo, no es lo mismo que disponer de un profesional sanitario en casa. Y esa diferencia es precisamente la que médicos e instituciones sanitarias están intentando dejar clara a medida que estas herramientas entran en nuestra vida cotidiana.
«La IA es una herramienta, no tu médico»
La American Medical Association (AMA) lo ha resumido de una manera especialmente directa en una publicación de su perfil oficial de LinkedIn: «La IA es una herramienta, no tu médico».
La organización médica estadounidense no plantea que tengamos que mantener la inteligencia artificial completamente alejada de nuestra salud. De hecho, señala varios usos que pueden resultar útiles, como comprender mejor información sanitaria o preparar las preguntas que queremos llevar posteriormente a una consulta.
El límite aparece cuando dejamos de utilizarla para informarnos y comenzamos a tratar sus respuestas como si fueran una valoración médica. La AMA advierte de que la inteligencia artificial no debería diagnosticar, tratar ni decidir por sí sola si una persona necesita atención médica.
Por eso la frase adquiere especial relevancia frente a la experiencia que relata Mirren. Poder escribir un síntoma y obtener una respuesta inmediata puede parecerse superficialmente a tener un profesional disponible en cualquier momento, pero el funcionamiento y las posibilidades de ambos son muy diferentes.
Una respuesta puede parecer correcta y no ser adecuada para ese paciente
Existe, además, otra dificultad que no siempre resulta evidente cuando utilizamos un chatbot: que una respuesta sea técnicamente correcta no significa necesariamente que sea apropiada para nuestra situación concreta.
Duke University School of Medicine ha difundido a través de su perfil público de LinkedIn investigaciones realizadas a partir de más de 11.000 conversaciones reales de usuarios con chatbots sobre cuestiones de salud. Sus investigadores han estudiado precisamente qué ocurre cuando las personas utilizan estos sistemas para plantear problemas médicos.
Entre las cuestiones que ponen sobre la mesa está que una respuesta puede contener información correcta y, aun así, no ser la adecuada para el contexto particular del usuario. También han observado un problema especialmente relevante cuando hablamos de salud: la tendencia de los modelos a complacer o alinearse con la premisa planteada por la persona que pregunta.
Esto puede resultar importante cuando alguien parte de una interpretación equivocada. Si una persona ya está convencida de que una molestia no tiene importancia, por ejemplo, una respuesta que se adapte demasiado a esa premisa podría proporcionarle una falsa sensación de seguridad.
Entonces, ¿para qué sí podemos utilizar la IA cuando tenemos una duda de salud?
La diferencia está en considerar la inteligencia artificial una herramienta de apoyo y no un diagnóstico definitivo.
Puede servir para traducir un término médico que no entendemos, ordenar nuestras dudas antes de acudir a una consulta, entender de forma general qué significa un concepto incluido en un informe o preparar una lista de preguntas para planteárselas después a un profesional.
Lo que no debería hacer es convertirse en la única herramienta para descartar una enfermedad, interpretar síntomas potencialmente importantes, modificar un tratamiento prescrito o decidir que no necesitamos atención sanitaria.
La inteligencia artificial tiene una ventaja difícil de igualar: está disponible en cuestión de segundos. Pero esa inmediatez tampoco debería confundirse con la capacidad de valorar individualmente a un paciente.
Por eso, frente a la provocadora idea de Helen Mirren de que ya podemos tener un médico en casa llamado IA, la advertencia de la American Medical Association establece una frontera bastante sencilla de recordar: «La IA es una herramienta, no tu médico».
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