Diario de León

La maldición de nacer gato en León

El verano es una mala época para ser animal. Es tiempo de abandono de animales domésticos. El más visible es el de los perros, pero es aún más numeroso el de los gatos. Su vida en la calle es cortísima, llena de peligros de un sufrimiento extremo. Las protectoras de la provincia alertan de esta plaga que es una lacra social. Este ha sido un verano negro, con una alta tasa de abandonos. "Brutal", dicen las protectoras

León

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Los abandonos de gatos se disparan en verano. Las protectoras y cuidadoras de colonias, mujeres fundamentalmente, apuntan a cuatro motivos: la falta de control de la población con gatas sin castrar, las ventanas abiertas sin medidas de protección que provocan numerosas caídas de gatos a la calle, la sustracción de cachorros a las gatas que viven en colonias callejeras por un problema de desconocimiento y el abandono de gatos caseros en colonias.

"Te miran con ojos de pánico. Los reconocemos enseguida, con esa cara de 'pero qué pinto yo aquí', aterrorizados".

Este ha sido un verano negro para los gatos en León, con una alta tasa de abandonos. "Ha sido bestial", dicen las asociaciones. "Brutal", apostilla desde El Carro de Freya, que gestiona colonias y cuida gatos en Villaquilambre.

A los gatos les perjudica sobre todo una antigua leyenda. Se cree de ellos que son independientes, que se saben buscar la vida, que se adaptan a vivir en cualquier lugar y que tienen siete vidas. La realidad le lleva la contraria a ese mito. Los gatos abandonados tienen una vida cortísima, los cachorros que se tiran en contenedores o se dejan en cajas con la esperanza de que alguien los recoja apenas lograr sobrevivir y los que viven en colonias callejeras porque son ferales se enfrentan a una vida durísima, llena de peligros, entre ellos el riesgo a morir envenenados.

Las estadísticas lo avalan: un gato casero puede vivir doce años y recibe atención, cuidados y una alimentación suficiente, un gato que nace en la calle apenas llega a los cuatro años y sufre muchas enfermedades y falta de comida y un gato que ha sido abandonado en la calle apenas sobrevive seis meses.

Verano es una mala época para ser animal. Es tiempo de abandono de animales domésticos. El más visible es el de los perros, pero es aún más numeroso el de los gatos. "Este año, una barbaridad", dicen casi al unísono asociaciones y protectoras de la provincia.

“Nos los han dejado en todas partes, en los contenedores de basura, en cajas, en bolsas”, describen desde la asociación Peludines sin Suerte, que presta ayuda a animales abandonados en Ponferrada. “Bebés recién nacidos que hay que alimentar a biberón y que se mueren irremediablemente, cachorros de un mes de vida que nos llegan muy enfermos y gatos que han sido arrancados a sus madres de las colonias callejeras por ignorancia”, añaden.

Sobre los gatos pesa un gran desconocimiento. Uno de los más usuales es ignorar su comportamiento. Arañan muebles, orinan fuera de la caja de arena, se muestran hostiles o agresivos…  Hay un explicación, sus propias familias desconocen sus necesidades vitales y lo que acarrea la falta de estímulos o su exceso, como cogerles a la fuerza en brazos, asustarles o ignorar las señales de que están enfermos. Esos problemas de comportamiento están detrás del abandono en las calles de gatos y gatas caseros.

“Los dejan en colonias callejeras porque creen que allí van a poder vivir y están completamente equivocados”, señalan desde El Carro de Freya. “No tienen apenas posibilidades de sobrevivir”, advierten desde Peludines sin Suerte. “Se enfrentan a una vida horrible”, apuntan desde Huellitas del Esla, que gestionan 14 colonias en Mansilla de las Mulas con más de 180 gatos. “Sufren mucho, no se puede ni imaginar”, dicen las cuidadoras de una colonia en Las Cercas, en León.

Ese sufrimiento tiene descripción. El primero, es la falta de acceso a comida. Los gatos son territoriales. En las colonias callejeras, también. Un gato casero jamás será admitido en una colonia de ferales. Serán apartados, no les dejarán acercarse a la comida. “Se ven involucrados en peleas, acaban mendigando o siguiendo a personas en busca de ayuda”, dicen Dani Martínez Muñoz, de El Bosque de Sury, un grupo solidario en el que medio centenar de voluntarios han logrado castrar ya a más de un millar de gatas y gatos de la calle. A veces, alguien se apiada de ellos y los recoge. En la mayor parte de las ocasiones, lo hacen las cuidadoras de las colonias ferales. Pero ese comportamiento de busca de ayuda para comer les enfrenta a otro gran problema: son agredidos por algunas personas. “Patadas, golpes, gritos que les asustan y fuerzan una carrera mortal que acaba debajo de un coche”, describen todas las protectoras de la ciudad. Si no son atropellados, mueren por desnutrición, enfermedad o agresiones. “Esa es la realidad de la calle”, resumen desde El Carro de Freya.

Las asociaciones alertan de otro peligro: las ventanas. “Muchos de los gatos que nos llegan son caseros que se han caído a la calle”, explican desde la Protectora de León. Todas las entidades que cuidan gatos recomiendan la instalación de medidas de protección para cubrir ventanas y balcones. “Hay muchas soluciones en el mercado”, indican. “No los podemos devolver a sus casas porque no tienen chip”, añaden desde la Protectora de León.

Es otro de los grandes problemas. “No hay ningún tipo de control por parte de las autoridades. Si apenas lo hay con los perros, imagínate con los gatos…”, dice Dani Martínez Muñoz, alma de El Bosque de Sury.

El chipado de los gatos es obligatorio desde la entrada en vigor de la Ley de Bienestar Animal. “Pero no se cumple”, añade Muñoz. “No se controla a los propietarios y así no hay manera”, apostilla.

Las protectoras leonesas se enfrentan también a la recogida de camadas indeseadas. “Este verano llevamos ciento y pico gatines recogidos”, advierten desde el Bierzo los responsables de la asociación Peludines sin Suerte. “Los dejan en cualquier sitio, en cajas, en bolsas, en contenedores o simplemente en la calle, sin más”, explican. “A veces apenas tienen unas horas de vida. Su supervivencia es prácticamente nula. Muere el 90 por ciento o más”, dicen.

El desconocimiento del comportamiento de los gatos está detrás de otro de los motivos de la aparición de gatos sin referencias. “Se los arrancan a sus madres”, dicen desde Peludines sin Suerte. “Las gatas no comen donde paren. Así que abandonan el ‘nido’ para ir a buscar comida y dejan a sus cachorros allí solos hasta que regresan. Otras veces los llevan con ellas, si ya son un poco mayores, y si se asustan porque viene alguien, se esconden. Pero no ha abandonado a sus crías. La gente piensa que sí y las cogen”, explican en la protectora berciana. ”No esperan a que la madre llegue”, añaden desde Huellitas del Esla.

Es también el motivo por el que llegan cachorros a la Protectora de León. El otro, como ocurre con los perros, es que “alegan que se los han encontrado aunque claramente son suyos”, añaden.

Coinciden desde Huellitas del Esla y El Carro de Freya. Y también desde la asociación Bastet, que cuida colonias de gatos callejeros en San Andrés del Rabanedo. «Hay personas que roban gatitos a las mamás callejeras y los dan en adopción o regalan sin control y en cuanto el gatito crece, se vuelve juguetón y hace destrozos y marca en casa con su orina por no castrarle, ese gatito lindo de calendario que alguien ‘muy sensible’ robó a una mamá cuando ella iba a buscar comida y que adoptaron en redes y sin contrato, algo que sólo pueden hacer protectoras o instituciones competentes, ese gato que ya tiene seis u ocho meses molesta y da gastos así que mejor abandonarle en una colonia o en la calle sin más, donde no durará ni un asalto al otoño y menos al invierno», explican.

Las protectoras reclaman un control de la población de gatos y su esterilización, que por ley corresponde a los municipios. “Es fundamental controlar las colonias y esterilizar a las gatas”, alertan en El Bosque de Sury. También castran a los gatos. Las gatas castradas sólo tienen que preocuparse de ellas mismas, no de alimentar a sus camadas. Y los gatos dejan de estar expuestos a peleas por las gatas en celo.

Es el llamado plan CER, captura, esterilización y retorno, que realizan protectoras y cuidadoras y cuidadores de colonias callejeras de manera altruista, la mayor parte de las veces poniendo dinero propio o haciendo colectas entre ciudadanos comprometidos con el cuidado de los animales.

Peludines sin Suerte cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Ponferrada, involucrado en esa tarea y que mantiene un plan CER y la instalación de tolvas para la comida y otros elementos que necesitan las protectoras, como casetas, para mantener cuidados a los gatos de la calle. Tampoco tienen queja las asociaciones que trabajan en el municipio de Villaquilambre. San Andrés del Rabanedo no tiene plan CER aunque prometen desde hace años llevarlo a pleno, y el Ayuntamiento de León lo mantuvo suspendido por retirada de la ayuda económica desde hace casi un año y lo acaba de firmar con la Fundación General de la Universidad de León, que será la encargada de esterilizar, identificar, vacunar, microchipar, marcar, incluir en la base de datos oficial de la Junta de CyL, el Siacyl, controlar el postoperatorio y garantizar un retorno seguro a la colonia de origen a los gatos de la ciudad. Todas las actuaciones se harán en el Hospital Veterinario Universitario. El Ayuntamiento destina 30.000 euros para ello.

“El frío, las olas de calor, las espigas, las lesiones en ojos y oídos, las infecciones, las peleas entre ellos, que se hacen mucho daño… cuando están muy enfermos se esconden y se dejan morir”, dicen las cuidadoras de colonias ferales. “Y luego están los perros sueltos, a cuyos dueños les parecen divertido que su perro persiga y mate a un gato o lo deje malherido…”, añaden. Y los envenenamientos.

“Nadie puede imaginar lo que sufre un animal que ha sido envenenado. Horas de agonía”, explican. Por eso, todas las protectoras de la provincia exigen campañas de educación. Y algo más, un poco de conciencia ciudadana.

“A veces un gesto vale. Por ejemplo, dar unos pequeños golpes en invierno antes de arrancar el coche. Los gatos se refugian del frío dentro del motor. Si arrancas, no sólo matas un gato, también puedes ‘matar’ tu coche. Aunque sólo sea por eso…”, dice una de las cuidadoras de la colonia de la calle Las Cercas.

La leyenda se equivoca. Los gatos no tienen siete vidas. Y hay muchas que no merecen ser vividas así porque son una condena al sufrimiento. Que se puede evitar.

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