El legado del 'señor de los animales'

La familia de Manuel De Andrés tras descubrir la placa en homenaje en la Protectora de Animales de León.
En la vida y después, también. Hizo todo por ellos, por seres indefensos a los que él amó con intensidad y dedicación. Lo hizo en otros tiempos, cuando no era fácil, cuando no sólo se reían de él, también le retiraban la palabra.
Manuel De Andrés no fue únicamente un pionero de los refugios para perros en la provincia, fue también un protector de todos los seres vivos. En su entierro no hubo flores. La ofrenda floral a quienes se han ido se dedicó a quienes aún están aquí, y los ramos se convirtieron en donativos, en dinero para la Protectora de León. Hoy, algunos perros más tienen un lugar donde dormir confortables, con un suelo aislante y una lámpara de calor colgada del techo. Se acabó para ellos el frío del invierno leonés, que asalta incluso cuando ya ha empezado la primavera.
Para que su nombre y su labor no se olviden, para que haya memoria de quien fue y de lo que hizo, la Asociación Protectora de Animales y Plantas de León ha colocado una placa a la entrada del refugio en su honor. Y al acto, sencillo y emotivo, acudieron su esposa, sus hijas, sus nietos, sus sobrinas y su hermana. Una legión a la que Manuel De Andrés ha dejado el legado de ser continuadores de su labor, de su misión en la vida. Y lo son. En protectoras, en asociaciones como ‘Huellas inquietas’ que ellos crearon, en grupos de Whatsapp para rescates...
En el homenaje, su familia bromeó con lo que les hubiera reñido si lo llega a saber, pero no, pasearía por los cheniles recién arreglados para comprobar que por allí no iba a entrar ni una gota de frío, porque lo de la bondad de su familia ya lo sabía.
«Tener su sensibilidad se pagaba caro en aquellos años», recuerda su hija Nélida de Andrés Fernández. «No era fácil defender a los animales, le decían que estaba loco, le dejaron de hablar... pero él se mantuvo firme en lo que creía», explica. «Ahora es fácil, ahora hasta te aplauden, pero cuando él lo hacía no, hasta te insultaban», añade.
Desde niño, siempre entre pequeños animales. En Torre del Bierzo, el pueblo en el que nació, le recordaban siempre protegiendo a perros y gatos.
En la estación de trenes de Valladolid le conocían como ‘el señor de los gatos’. Cuando él llegaba, había al menos 20 esperándole en el andén. Manuel era maquinista de Renfe. No hacía siempre el mismo trayecto, ni el mismo día, ni a la misma hora pero por alguna extraña razón, los gatos sabían que iba a ir. Y allí estaban, esperándole para comer o para cenar.
En un prado cerca de la vía entre León y Valladolid le aguardaban unos mastines. Para los vecinos de la zona, Manuel era el ‘señor de los perros’. Paraba el tren para darles de comer. «Lo sabían todos los pasajeros», cuenta su hija Nélida.
En Vilecha, llegaba en su vehículo de tres ruedas y 40 o 50 pajaritos le estaban esperando a la puerta del bar. Para sus vecinos, se había convertido en ‘el señor de los pájaros’. Y así es cómo Manuel De Andrés ha terminado siendo, para la memoria de todos, ‘el señor de los animales’.
Una placa a la puerta de la Protectora de León reza: «En memoria de Manuel De Andrés Fernández, huella imborrable en la protección animal. Gracias por tu legado». Para que nadie olvide. Para que nadie le olvide.
Su familia lloró al descubrir la chapa. Al otro lado, perros que él tanto defendió se resguardan al calor de su donación.

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El legado de Manuel

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