Diario de León
Nicolás Albanzas Fernández y Juan Carlos Fernández Alonso, en el domicilio del primero.

Nicolás Albanzas Fernández y Juan Carlos Fernández Alonso, en el domicilio del primero.

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carmen tapia

LEÓN

La necesidad y las ganas de ayuda son dos mitades que se complementan. Juan Carlos Fernández Alonso tiene 49 años. Es uno de los 423 voluntarios que Cruz Roja tiene destinados a la ayuda en domicilio. Desde hace quince años se ha convertido en la mano derecha de Nicolás Albanzas Fernández, de 40 años, tetrapléjico desde que a los 15 una desgraciada zambullida en el río le produjo una luxación en el cuello. Se ha sometido a varias operaciones, una de ellas en Colombia. Su familia ha agotado casi todos los recursos, dejándose en el camino miles de euros. Eso no le ha impedido estudiar y sacarse dos licenciaturas (Administración y Dirección de Empresa y Ciencias Actuariales y Finanzas), ejercer su profesión en Caja España-Duero por el sistema de teletrabajo, y montar una empresa familiar dedicada a la lavandería. Pero Nicolás, Nico , como lo conocen sus amigos y familiares, ha contado siempre con la ayuda de su madre, familiares, ahora de su pareja y personas voluntarias que le han facilitado el camino para cumplir sus objetivos.

Juan Carlos es uno de ellos. En quince años de voluntariado tras un viaje a Nicaragua que le cambió la visión del mundo, se ha convertido en amigo y confidente. «Veo a Nico como un superhombre. Tiene mucho mérito», afirma Juan Carlos, a lo que Nico responde. «Juan Carlos me ha facilitado mucho las cosas, Alivia mi trabajo y el de la gente de mi entorno. Lo conocí cuando estudiaba mi primera carrera».

Nico asistía diariamente a clase en la Universidad de León en su silla de ruedas eléctrica, algunos compañeros le hacían copias de los apuntes y Juan Carlos, ya en la casa, le subrayaba lo importante, pauta que marcaba Nico, para facilitarle el estudio. Así cada dos tardes a la semana. Ahora, dos carreras y quince años después, con menos deberes, Juan Carlos pasa dos horas cada tarde de los miércoles con Nicolás. Le ayuda a poner en orden la documentación de su empresa de lavandería. Y si sobra tiempo, juegan una partida al ajedrez.

Juan Carlos es voluntario vocacional. Compatibiliza su trabajo en una residencia de ancianos con su ayuda desinteresada a Nico. «Hasta que conocí a Juan Carlos tuve varios voluntarios que me ayudaron, pero iban y venían. Él se ha quedado todo este tiempo. Me ayudaba a preparar el material para estudiar y me ayuda ahora a colocar las facturas y la organización administrativa de mi empresa».

Nico es un luchador que no pone límites a su futuro. «¿El futuro? Lo que venga. Consolidar mi empresa, prosperar en Caja España y vivir y disfrutar», asegura. Su discapacidad le impide ir de vacaciones donde quiere, «no todos los hoteles están bien adaptados porque las discapacidades son muchas y muchas las necesidades. Yo me tengo que mover con ayudas técnicas, que los hoteles no tienen. No todo es poner un cuarto de baño especial».

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