A corazón abierto
secundino pérez
Castilla y León acaba de cerrar el año de mayor éxito en la donación de órganos. Por primera vez en la historia, es la Comunidad con una tasa más elevada de altruismo: 51,01 donantes por millón de habitantes. El intensivista del Complejo Asistencial Universitario de León (Caule), Carlos Fernández Renedo, vallisoletano afincado en León desde hace 25 años, es el coordinador autonómico de trasplantes.
—¿Cuál es la clave del éxito: su equipo de coordinadores o la generosidad de la población?
—En Castilla y León tenemos once hospitales de muy diferentes tamaños y normalmente son las comunidades uniprovinciales y donde hay hospitales grandes y bien dotados donde se consiguen más donantes. Por eso siempre han estado por delante de nosotros en el País Vasco, Navarra, La Rioja, Santander y Asturias. El éxito lo atribuyo a las actuaciones que hemos realizado con los servicios de Urgencias, Neurología y Neurocirugía. Sobre todo, los cursos de formación en Urgencias que han permitido aumentar la detección de posibles donantes. Además, la población conoce más y las negativas familiares han bajado.
—¿Cuánto?
—En 2003 estábamos en el 25%, en el 17% y en el 2012 las negativas se han quedado en torno al 10%, una cifra muy baja.
—¿Cómo califica la aportación leonesa a las 130 donaciones de la Comunidad?
—Muy buena. León, con 24 donaciones, tiene una tasa de donantes de 66 por millón de habitantes y ocupa el tercer puesto. En números absolutos fue Burgos la que más donaciones tuvo y León la segunda.
—¿Qué le reclama León?
—Ahora mismo nada, los equipos de trasplante que hay tienen un número adecuado y mientras no aumenten no se pueden ampliar. Es más, se está empezando a plantear la concentración de determinados tipos de trasplantes. En Castilla y León se han autorizado los posibles, los menos costosos y donde mejores medios existían.
—León sólo tiene el autotrasplante de médula y el de córnea.
—Y funcionan muy bien. El de donante vivo de riñón no se autoriza en ningún hospital que no tuviera trasplante renal de donante cadáver y se eligió Salamanca porque además tienen urólogos expertos en endoscopio.
—¿Se ampliará a otros hospitales?
—No hay previsión. Para ampliarlo se tendrían que hacer más de 30 trasplantes al año.
—¿Cuántos se hacen?
—Se hicieron dos en el 2011, cuando se empezó con la donación de vivo y cinco en el 2012.
—¿Hay parejas de León en espera?
—Hay cuatro parejas en estudio en estos momentos.
—¿Por qué se decidió hacer el trasplante renal de vivo y no se hace en el de hígado de vivo?
—A pesar de que somos la Comunidad con mayor tasa de donaciones de España tenemos lista de espera para determinados órganos, sobre todo riñón. En 2012 se hicieron un centenar de implantes y disminuyó la lista de espera pero por ahora no hay manera de eliminarla. En cambio, en hígado no tenemos lista de espera y no es necesario: se extrajeron más de 100 órganos e implantamos 43. El hígado no presenta los problemas de compatibilidad del riñón porque, al contrario que éste, no genera anticuerpos HLA.
—¿La donación de riñón vivo tiene que potenciarse?
—En Castilla y León tenemos donantes muy añosos en el caso de los fallecidos y esto es un problema para el trasplante a gente joven. Además cada vez hay más enfermos renales hiperinmunizados, que tienen anticuerpos contra órganos no parecidos. La donación de vivo no ha estado muy en boga y hay que hacerla funcionar más. En España tenemos un 15% de donantes vivos y en Estados Unidos alcanza el 40%. Se puede trasplantar a personas más jóvenes.
—¿Tienen que ser familiares?
—Se puede recibir el riñón de un familiar, pero no necesariamente. También se hacen donantes cruzados y cadenas. Es decir, puede haber una pareja que quiera donar y recibir y no sea compatible entre sí pero se estudia y puede encontrarse la compatibilidad con el donante o receptor de otra pareja.
—¿Qué riesgos corren?
—En el caso de la donación de vivo además de hacer el trasplante y cuidar al trasplantado, hay que cuidar mucho al donante. Se hacen exploraciones muy específicas para determinar que los órganos estén bien y no se produzca daño en la extracción.
—¿Este es el programa del que se siente más satisfecho?
—Creo que también ha sido importante haber conseguido el trasplante de páncreas y que no haya listas de espera excepto en riñón. También es importante la implantación de la donación en asistolia (en muerte cardíaca y no cerebral) en dos hospitales: el de Burgos, donde ya se ha hecho un protocolo, y en el Río Hortega de Valladolid.
—También León se quedó fuera de este último programa.
—No se ha quedado fuera. No hay problema. Sólo hace falta que lo presente la coordinadora.
—¿Siguen enviando a Santiago de Compostela los cordones umbilicales?
—Sí. El único cambio es que como se han cumplido los objetivos extraemos cordones de más calidad.
—¿Quiere decir que la disminución del cordón no se debe a temas económicos?
—Al enviar menos y de más calidad, cuestan menos. Pero no me han puesto restricciones económicas.
—¿Cuál es su reto?
—Los programas que hay ya están muy consolidados. Ahora el reto es implantar un programa de calidad a nivel de coordinación autonómica.
—¿Cuál es el objetivo de este programa?
—Hacer las cosas bien.
—¿No se hacen bien?
—Sí, pero hay que demostrarlo con papeles, con protocolos de calidad.
—Hay médicos que creen que el sistema de salud debería copiar el modelo de la Organización Nacional de Trasplantes para ser viable. ¿Qué opina?
—Es cierto que está muy bien estructurado porque hay una relación muy entre todos los coordinadores y equipos, hay consensos y los objetivos están muy claros. Bien es cierto que es un programa muy específico y en otras especialidades la prioridad es curar y sus objetivos son muy amplísimos (por ejemplo, medicina interna). Se podría ir trabajando en que ciertas especialidades y procesos se gestionaran siguiendo el modelo de la ONT que, por cierto, se ha exportado a Portugal, Reino Unido, Sudamérica e Italia. No me atrevo a decir qué especialidad.