Cuando el cuerpo vence obstáculos
La danza ayuda a descubrir y desarrollar el propio cuerpo sin luchar contra el dolor, las cicatrices o la falta de movilidad.

Una clase de danza contemporánea en el Aula de Artes del Cuerpo de la Universidad de León.
LEÓN
Todo lo que pasa en la mente se refleja en el cuerpo y viceversa. Las Artes del Cuerpo, como se denominan los talleres que imparte la Universidad de León, utilizan las herramientas de la danza para establecer una relación con la mente a través del movimiento.
La danza contemporánea surge como reacción a las formas clásicas. Por el Aula de Artes del Cuerpo de la Universidad de León pasan cada año medio centenar de personas que buscan explorar su cuerpo más allá de los estereotipos. «Las clases tienen un espíritu liberador», explica la profesora Rosario Granell Rosario, que desde hace ocho años imparte talleres en los que el punto de arranque es la colocación ósea y la percepción del volumen del propio cuerpo. «Siempre a favor de la gravedad para que no haya tensiones musculares». Es importante la respiración, «para que el cuerpo fluya».
El Aula de Artes del Cuerpo de la Universidad de León está abierta para todas las edades. «No hay límites», explica Granell. Los talleres de circo y danza de contacto completan la formación. «Tratamos de concluir en este aula una serie de personas que manejan la expresión corporal y la acrobacia, con grupos en los que se combinan las diferentes capacidades».
Espíritu liberador
No hay reglas, La pionera de la danza contemporánea fue Angela Isadora Duncan, conocida como Isadora Duncan, una bailarina y coreógrafa estadounidense, considerada por muchos como la creadora de la danza moderna. La improvisación, improvisación con contacto, expresión corporal y el movimiento creativo ayudan a una formación integral tanto a nivel emocional, como en la relación físico sensorial. «Las capacidades se desarrollan en cada individuo tras conocer el propio cuerpo, entendiéndolo y dándole cauce para que pueda desarrollarse».
Liberarse de las propias limitaciones corporales es uno de los objetivos a conseguir con la danza. «La precursora de esta danza, Isadora Duncan, se descalza para bailar y crea un grupo que encierra conocimientos artísticos, intelectuales y filosóficos. Todo al aire libre».
Las personas que practican la danza como una forma de terapia no piensan en la competición, sino que se plantea como «una superación del individuo». Los movimientos aportan beneficios «para conocerse y valorarse. Cuando te encuentras frenos y obstáculos corporales, los adaptas a tí para desarrollarte».
Descubrirse, desarrollarse y continuar con los problemas físicos. «No hay que negar el dolor, una cicatriz o una limitación corporal», asegura Rosario Granell, «hay que aceptar lo que uno tiene, no se puede ir contra eso».
Lo mejor de la práctica de la danza contemporánea es que no hay formas fijas establecidas. «Establecemos secuencias porque me gusta trabajar también con la memoria, pero el objetivo no es aprenderse una coreografía».
Además de las clases de danza contemporánea en el Aula de las Artes del Cuerpo de la Universidad de León, Rosario Granell es profesora de esgrima escénico y de expresión corporal en la Escuela Municipal de Artes Escénicas.
La danza contemporánea ha unido a un grupo de personas «comprometidas» que han puesto en escena una versión de El barón rampante , de autor italiano Ítalo Calvino. «Las clases tienen un espíritu liberador y posibilitan una técnica para un montaje artístico. El baile es terapéutico y escénico. Siempre hay capacidad para crear».