Diario de León

No era magia, es ciencia

Una tesis basada en un incunable de San Isidoro destaca que los medicamentos se basan en terapias ancestrales.

Joaquín Carrasco muestra el «Hortus sanitatis» custodiado en la biblioteca de San Isidoro

Joaquín Carrasco muestra el «Hortus sanitatis» custodiado en la biblioteca de San Isidoro

Carmen Tapia
León

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LEÓN

«Algunos medicamentos, que parecen ser de rabiosa actualidad, como la popular glucosamina, empleada en el tratamiento de artritis y diversos problemas articulares, han sido heredados de los terapeutas del pasado. Así como algunas modernas patentes, registradas hace escasos años, fueron, a sabiendas o no de los titulares de dichas patentes, descritas hace decenas de siglos». El farmacéutico Joaquín Carrasco acaba de presentar su tesis doctoral basada en el estudio de los remedios terapéuticos de origen natural naturales básicos contra las enfermedades que quedaron recogidos en un incunable que se «custodia con mimo» en la biblioteca de la Real Colegiata de San Isidoro y que «constituye la obra más importante de Historia Natural de toda la Edad Media». El Hortus sanitatis (1497) ha sido considerado una obra anónima o apócrifa cuya autoría ha podido confirmar el farmacéutico, que ha puesto autor tras su estudio exhaustivo para la elaboración de su tesis doctoral. El trabajo se centra en el análisis de los remedios obtenidos con animales, minerales y rocas «e incluso con algunos fósiles como el azabache o el ámbar. Se han seleccionado estos elementos naturales por haber estado estigmatizados históricamente por referencias mágicas y esotéricas, al contrario que los remedios procedentes de plantas, a los que tradicionalmente se les ha dado mayor credibilidad; esto suponía un especial reto farmacológico para un farmacéutico como yo», explica Joaquín Carrasco.

Carrasco sigue la pista marcada por el ex abad de la Basílica, Antonio Viñayo «incansable investigador», plasmada en el prólogo de la edición facsímil del Hortus sanitatis realizada por la Colegiata en colaboración con la Universidad de León, «cuya traducción lamentablemente no se llegó a concluir».

El farmacéutico asegura que el estudio del libro ha permitido comprobar que la mayoría de los remedios propuestos en el siglo XV se han ido recopilando desde los autores pertenecientes a los primeros siglos de nuestra era, quienes, a su vez, los recopilaron de autores anteriores, pudiendo remontarnos en algunos casos hasta los papiros egipcios del siglo XV a.C. Afirma que «en los sucesivos tratados de terapéutica que siguieron a la publicación del Hortus sanitatis y hasta nuestros días se comprueba que muchos de los ancestrales remedios han tenido cabida en la botica reciente, fundamentalmente hasta los años 50 del siglo pasado». Las farmacias se nutren en muchos casos de remedios terapéuticos de hace 3.500 años. Las boticas siguen utilizando el sulfato de cobre y de cinc como antisépticos y astringentes, «como los primeros farmacólogos de los que tenemos constancia escrita, quienes describen estos usos del vitriolo o caparrosa azul y blanco respectivamente».

El vitriolo verde (sulfato de hierro) aporta hierro en el tratamiento de anemia. En las pastas de dientes blanqueadoras no falta silice «que ya utilizaban los primeros artesanos boticarios». Y para el mismo fin, «incluso ya entonces» los antiguos añadían bórax «igual que hacen hoy las grandes compañías de dentífricos». Para fortalecer los huesos descalcificados se utiliza actualmente el carbonato cálcico y la piedra pómez sigue siendo útil para reducir las protuberancias de la piel.

«El olor característico de algunas sustancias minerales como el azufre traerá, sin duda, recuerdos a los boticarios formulistas de ungüentos para el tratamiento de diversas dermatosis infecciosas como la de la sarna, que hasta hace pocas décadas se elaboraban en las boticas, emulando a los primeros artesanos. Éstos conocían además el poder del azufre para estimular la musculatura lisa, empleándolo, por ello, como abortivo, purgante y expectorante».

Carrasco destaca que quienes, fieles a los tratamientos naturistas, buscan en las farmacias o en Internet, piedra de alumbre como revolucionario desodorante natural «quizás sin saber que para este fin ya era empleado hace miles de años. Hasta como método anticonceptivo lo proponen los primeros farmacólogos».

En cuanto a los animales, los caparazones de moluscos se aprovechaban como fuente de carbonato cálcico, empleado como antiácido, antiséptico, cicatrizante e incluso, ya entonces, como fotoprotector. «Se empleaban de forma empírica multitud de moléculas terapéuticas extraídas de animales», que hoy son bien conocidas y siguen siendo de utilidad como cantaridina, quitosano, sílice, colágeno, gelatina, queratina, yodo, bromuros de sodio y potasio o fosfato de calcio.

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