Una enfermedad sin síntomas en las fases iniciales
El desarrollo de un cáncer de hígado está asociado a enfermedades hepáticas crónicas y a cirrosis promovidas por diversas causas.
Además de infecciones crónicas con los virus de hepatitis B y C, y alteraciones genéticas que afectan a la funcionalidad hepática, hay determinados consumos que contribuyen también a su progreso, como el consumo excesivo de alcohol, el tabaco, la obesidad, la diabetes o la presencia de determinadas toxinas en los alimentos. «Se trata de una enfermedad que no presenta síntomas en las etapas más tempranas, por lo que su diagnóstico se produce, por lo general, en estadios ya avanzados en los que su diagnóstico se complica y no resulta eficaz», asegura el investigador José Luis Mauriz. «Aunque el trasplante hepático es la solución más adecuada no es viable en la mayoría de los casos por lo que hay que recurrir al empleo de agentes quimioterapéuticos con unos efectos secundarios sobre las células sanas indeseables y una eficacia insuficiente», explica el investigador.