El poder de las emociones
La asociación de mujeres Simone de Beauvoir realiza el primer taller de inteligencia emocional con menores en riesgo de exclusión como una herramienta de protección.

Dinámicas de grupo, juegos, debates y cortos se utilizaron para aprender las emociones.
león
Las emociones tienen un poder inmenso. Hay que conocerlas y saber usarlas. La Asociación de Mujeres Simone de Beauvoir organizó este verano en su centro de menores un taller de inteligencia emocional dirigido a niños y niñas de 3 a 11 años que han sido testigos y víctimas colaterales de violencia de género o sufren diversas problemáticas que les colocan en riesgo de exclusión social.
La antropóloga Concepción Unanue Cuesta, profesora asociada de la ULE y de la Uned, señala que el objetivo es que «utilicen sus emociones como herramientas para salvar esa potencialidad de exclusión social». A lo largo de las sesiones, ha intentado que aprendan a reconocer sus emociones para que las puedan controlar y utilizar. Y a bloquearlas, si es necesario, para no sufrir.
La empatía, el refuerzo de la autoconfianza e imagen propia y de sus familias fueron algunas de las estrategias utilizadas en el taller. La seguridad en sus personas, el respeto a la diversidad y la importancia de decir ‘no’ también formaron parte de dinámicas de grupo y juegos como forma de entrenamiento.
Enfocado desde la perspectiva de la happycultura o cultura de la felicidad, a lo largo de las sesiones se hizo hincapié en «la importancia de pedir ayuda cuando sean testigos de acoso o buillying» .
Desde el punto de vista afectivo, se puso el acento en la necesidad de cuidar a las demás personas con las palabras y manifestar afecto con el contacto físico a través de abrazos y sonrisas. Ver a las demás personas en positivo, así como en ellos y en ellas formaron parte de las diversas actividades del taller.
Los resultados fueron espectaculares. «El primer día no eran capaces de decir nada y al final ya tenían claro, al menos en este momento de su vida, que querían ser de mayores; pasaron de no hablar casi nada a contar situaciones personales de angustia que compartieron con el grupo», explica.
El taller se convirtió, poco a poco, «en un espacio de seguridad y protección a base de confianza y cariño», añade la profesora. Es una realidad que «hay niños y niñas que han presenciado cosas que no debería ver ni un adulto», pero también es sorprendente la capacidad de los niños y las niñas para rehacerse porque «tienen la mente abierta a confiar y a creer».
La inteligencia emocional ya está muy extendida como una técnica de trabajo en centros con recursos, pero su uso con el enfoque preventivo de la exclusión social es muy novedoso en España, apunta Unanue.
El coaching para procesos de cambio y motivación social es más conocido en el entorno empresarial que en el social, por lo que «la gente que lo necesita especialmente no lo tiene a su alcance». Cuando se vive en una familia donde el padre y la madre están en conflicto «se aprende que el cariño duele y es negativo, que es mejor callar...» y hay que «romper» esa para que en su vida futura puedan optar a ser lo que deseen y relacionarse con su entorno adecuadamente.
Para Concepción Unanue es necesario fomentar el uso de estas herramientas de última generación para «no caer el determinismo social que condena a los niños y las niñas que han sufrido violencia de género en su casa van a acabar repitiendo lo que vivieron. Si trabajas las emociones y las identificas y controlas eso no tiene por qué ser así. No somos un sistema de casta como en la India», recalca.