ISABEL MORANT. Historiadora y editora

«Las políticas de conciliación favorecen al mundo del trabajo no a las mujeres»

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LEÓN

Isabel Morant Deusa es profesora de Historia y durante 25 años ha sido la directora de la colección Feminismos de Cátedra. ‘El segundo sexo’, de Simone de Beauvoir, fue publicado en esta colección con motivo de su 50 aniversario en 1999. Un libro que no pasa de moda y está entre los más demandados de la colección, comenta.

Recientemente vino a León a hablar sobre la autora, con motivo del 30 aniversario de su fallecimiento, invitada por la asociación leonesa que lleva su nombre y se dedica a la asistencia de víctimas de violencia de género desde 1987.

—Es cierto que Simone de Beauvoir se hizo feminista mientras escribía ‘El segundo sexo’?

—No es exactamente así. Simone de Beauvoir empezó a escribir el libro a propuesta de Sartre, su compañero. ¿Qué es es eso de ser mujer?, se preguntó. Un hombre no se haría esa pregunta jamás. Ella es una gran memorialista y antes de meterse a saber qué son las mujeres se interesa por saber quién es ella. Escribiendo comprendió la dominación, no es que se hiciera feminista. El libro fue un escándalo y a la vez muy leído. En 1949 no existía el movimiento feminista, fue en Mayo del 68 cuando el Movimiento de Liberación Femenina buscó a Simone de Beauvoir. Ella las escuchó, apoyó y acabó militando.

—¿Sigue vigente 67 años después?

—Es de actualidad porque explica un fenómeno: que una mujer no nace, sino que es una idea de devenir que remite a la historia de manera que podemos hablar de dominación desde la antigüedad. Ella dice: No se nace mujer se llega a serlo. Dedica la primera parte a los hechos y mitos y la segunda a la experiencia vivida: cómo se forma, educa e inicia sexualmente. Frente a las teorías deterministas (biología, psicoanálisis, marxismo) ella plantea que lo que se llama esencia de mujer está naturalizado pero no es natural. Ella se opone a ese pensamiento determinista y habla de educación, leyes, etc.

—¿Qué diría Simone de Beauvoir de la situación actual de las mujeres?

—Se alegraría de ver cuántas cosas han cambiado. Ella escribe sola, hasta los años 70 no hay movimiento feminista. Se preguntaría también qué hacemos las feministas por las resistencias, dónde están y quién las pone. Estaría perpleja de que el feminismo siga despertando recelos, por qué la felicidad de las mujeres crea tantos malestares, por qué aún no se la ve igual, ni como intelectual ni como trabajadora. Vivimos en una sociedad que entiende importante estudiar cualquier movimiento de la ganadería pero ofrece una gran resistencia a estudiar qué pasó con la mitad de la humanidad.

—¿A qué se deben esas resistencias?

—La diferencia de los sexos a lo largo de la historia ha sido muy interesada. «Bendito sea Dios nuestro señor porque no ha me ha hecho mujer», es una frase del evangelio. Platón da gracias porque «me ha hecho libre y no esclavo, hombre y no mujer»... Todo esto no hubiera sido posible si no se hubieran convertido en ley los privilegios. Las mujeres son necesarias no sólo para tener hijos sino para construir la moralidad (el velo es un símbolo de la moralidad)... La iglesia y el mundo árabe construyen la moralidad sobre la mujer. Las primeras constituciones dicen: Todos los hombres nacen libres e iguales. Se construye la democracia política pero no en el espacio privado (familia, educación de los hijos, marido). Las resistencias están en las personas, hombres y mujeres, que pretenden guardar los privilegios. Al entrar en la Universidad las mujeres son competencia, en la política sucdede igual. En la iglesia aún no se admite a la mujer. Hay resistencia de gente que se asusta: piensan que el mundo estaría desordenado. Pero lo cierto es que lo que no admitimos para la política (la dominación de unos sobre otros) lo admitimos para la relación hombre-mujer.

—¿En qué sectores hay más resistencias?

—Hay tres lugares principales de resistencia. En primer lugar en el ámbito del saber. Hay un 15% de mujeres catedráticas, muy pocas rectoras. En segundo lugar en la banca y en los negocios y en tercer lugar en la política. Hay un movimiento en Francia que se llama La barbe. Son activistas que se ponen una barba para protestar en aquellos acontecimientos en los que observan la falta de presencia femenina. Donde no hay paridad algo pasa. Hemos avanzado muchísimo, pero hay que trabajar desde la Educación Primaria. El acceso al saber es lo que ha movido a las mujeres. Por eso es importante que a las mujeres que han cambiado las formas de vida se las vea. Y queda pendiente la familia y la vida privada. ¿Cómo democratizamos las relaciones familiares y que no sea que lo arreglemos cada cual como quiera o pueda? Tienen que cambiar muchas cosas porque todas las políticas de conciliación favorecen al mundo del trabajo, no a las mujeres y a los niños.

—¿Qué línea del feminismo seguiría hoy Simone de Beauvoir?

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—La misma que inaugura con El segundo sexo: Criticar la dominación allí donde se dé. Podría interesarle la línea del femenismo americano que se ocupa de la sexualidad. La libertad sexual y lo que ocurre en otros mundos fuera de Europa le interesaría. Viajaría para conocerlo. Por otro lado, se extrañaría mucho de la vuelta a la maternidad muy mitificada. Simone de Beauvoir dijo que no había sido madre porque en la época que debía serlo ningún hombre en su entorno tenía interés en cuidar niños y hubiera tenido que hacerlo sola.