Diario de León

Vamos a defendernos

Las mujeres ponen en práctica herramientas para defenderse de agresiones físicas y psíquicas en un taller de Simone de Beauvoir.

Conchi Unanue explica herramientas para empoderarse frente al agresor y ante su presencia en la calle y en el día a día.

Conchi Unanue explica herramientas para empoderarse frente al agresor y ante su presencia en la calle y en el día a día.

Ana Gaitero
León

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LEÓN

¿Qué hacer cuando se siente el acoso visual de un jefe o el hostigamiento de un agresor? No bajar nunca la mirada. Mantener una postura de seguridad con los pies bien pegados al suelo. ¿Qué hacer cuándo en el autobús un hombre abre las piernas e invade el espacio del asiento de al lado? Recuperar el espacio que los usos y costumbres otorgan a los hombres de forma privilegiada. Hacerle ver que no es su espacio.

Son algunos de los consejos que salen a relucir en una de las sesiones del taller de defensa personal para mujeres organizado por la asociación leonesa de mujeres Simone de Beauvoir dentro del programa Igualate financiado por el Ayuntamiento de León.

«Están acostumbrados a que nunca reclamamos y sus privilegios pasan por lo que en algún momento nos robaron», señala la monitora del taller, Conchi Unanue Cuesta, doctora en Antropología y maestra de Artes Marciales.

«Hay que transmitir mensajes claros», enfatiza. Aprender a decir no. Algo que parece tan sencillo pero que en realidad es complicado de poner en práctica para muchas personas.

«No nos creíamos que tuviéramos derecho a defendernos», explica una mujer. «Pensaba: algo hice mal y me entraba un sentimiento como de culpa», añade. «En mi trabajo me cuesta mucho defenderme», señala otra de las participantes. Es camarera y trabaja en eventos masivos con 40 hombres. Se siente intimidada por las miradas de su jefe. «A veces me pregunto si es cosa mía», dice en un momento de duda. La monitora le da la clave enseguida: «Si yo te miro así somos iguales, pero si te mira tu jefe hay una posición de superioridad por su parte», indica.

Las mujeres ponen en práctica herramientas para defenderse ante agresiones físicas o psíquicas. «Aún así no puedo garantizaros que no os agredan, pero si ocurre os defendeis porque tenéis derecho», recalca la monitora.

De las pequeñas y a vecs imperceptibles violencias cotidianas que enfrentan las mujeres en el trabajo, en los espacios públicos, en la calle o en casa, la monitora pasa a un ejemplo de más gravedad. Una mujer que se encuentra ante su agresor o ante un conato de agresión física: «Nos va a mirar porque va a querer controlarnos con la mirada. En este caso es mejor no mirarle, no considerarle más que un cacho de carne, zafarnos, defendernos e intentar buscar un lugar seguro».

El mensaje se repite a lo largo de la sesión: «Vamos a defendernos, vamos a respetarnos y todos los días vamos a decirnos frente al espejo: Te quiero». Hay que reforzar la idea de que defenderse es un derecho.

Al finalizar la sesión, las mujeres comentan que se apuntaron al curso porque «nos creíamos débiles y queríamos fortalcer la indefensión física que sentimos frente a ellos». Otra mujer señala que el curso le ha servido para «soltar toda la rabia que llevaba dentro». «La he soltado y me siento más fuerte. Ahora sé que soy una superviviente», añade.

Las historias fluyen: «Al principio hay cosas que no entiendes. Estás baja. El taller te ayuda a ponerte en tu sitio, más fuerte y segura física y psicológicamente» y «sobre todo, a que tienes derecho a defenderte de todo tipo de agresiones», subraya otra compañera.

En el taller se ha creado un clima de confianza y apoyo mutuo. «Cuando una viene la intentamos levantar el ánimo. El apoyo ayuda mucho y nos entendemos bien porque hemos pasado cosas parecidas», añade otra mujer.

«Me siento mucho más fuerte», resume una mujer que durante el fin de semana experimentó una sensación inédita cuando coincidió con su agresor. «Le marcó la distancia con la mirada y fue como un punto final para resurgir», apunta Unanue.

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