Propóleos al desnudo
Una tesis pionera que analiza 136 muestras de propóleos de Castilla y León concluye que hay que generalizar los controles para su comercialización y pide fomentar buenas prácticas en manipulación e información.
Propóleos en una rejilla que dan una idea de su color y textura.
LEÓN
En la polis de las abejas hay unas obreras especializadas en pecorear. Su misión es salir por los alrededores de las colmenas y recoger yemas, hojas y tallos de plantas cercanas al colmenar. Cargan la mercancía en sus patas traseras y lo entregan a las cementadoras, obreras éstas responsables de mezclar la ‘cosecha’ con otros productos.
El resultado de esta labor que, como todo en la colmena, está organizada en base a la especialización, son los propóleos, un producto que se usa desde la antigüedad con fines terapéuticos y que siglos después son unos auténticos desconocidos.
El investigador segoviano Félix Adanero Jorge acaba de exponer su tesis doctoral con un trabajo que descifra los secretos y caracteriza los propóleos de Castilla y León por primera vez.
Este trabajo pionero en España se basa en el estudio de 136 muestras sobre un total de 161 rejillas que se recogieron en diferentes colmenas de Castilla y León con la colaboración de las asociaciones de apicultores.
La palabra propóleos o propolis significa literalmente ‘defensa de la ciudad’, pues deriva de los vocablos griegos pro y polis. Se sabe que la abejas usan esta ‘argamasa’ natural para sellar la colmena y como agente antiséptico para limpiar la ‘factoría de la miel’. El ser humano ha ideado, por su parte, diferentes métodos para la obtención de este producto en la colmena: raspado, rejillas y mallas; o apertura de ventanas en los laterales de la colmena (propóleos verde brasileño).
Los propóleos se producen mucho y se usan más pero se conocen muy poco. Con la tesis doctoral que acaba de ver la luz en la Universidad de León, los propóleos de Castilla y León son ahora mismo los mejor conocidos de España y prácticamente de toda Europa.
Desde el punto de vista organoléptico, se trata de unas sustancias de colores rojizos, anaranajados, amarillos y marrones, su aroma predominante es el balsámico, aunque también los hay que huelen a cera o a jara. Asimismo, se caracterizan por su sabor resinoso y balsámico, aunque en algunos casos también se dan picantes y amargos.
«El método instrumental descrito en esta tesis para la determinación del color de propóleos bruto permite cuantificar este parámetro de manera objetiva y definir los propóleos de Castilla y León según la escala de color CLh con una saturación baja, una luminosidad baja-media, tonalidades rojizas y amarillas y un matiz cálido», explica el doctor Adanero Jorge.
Desde el punto de vista físico-químico, los principales componentes de los propóleos son las resinas (70%), seguidas de ceras (20%) y en menor medida de agua (5%), volátiles (5%), impurezas 8%%) y cenizas (0,7%). Estos parámetros son los que se quieren utilizar de modelo para «iniciar una norma de calidad de los propóleos en Castilla y León que sería pionera», apunta Félix Adanero. Hasta ahora no existe ninguna reglamentación para la comercialización de este producto que tiene una amplia demanda como componente alimenticio y farmacéutico.
En los propóleos brutos analizados se han encontrado compuestos activos comunes. En concreto, un 29% de polifenoles y un 7% de flavonoides totales. Los compuestos activos identificados en el propóleo bruto de Castilla y León son: ácido cafeico, ácido p-cumárico, cafeato de isoprenilo, CAPE, crisina, pinohanksina y quercitina, entre las más significativas. Son compuestos cuyo origen remite a las secreciones del Populus nigra L.
Otro dato relevante de esta tesis doctoral es que en el 100% de las muestras se ha detectado presencia de metales pesados, en concreto de plomo. Si bien el 72% se encuentran por debajo del límite establecido por el reglamento sobre contaminantes en los complementos alimenticios, de 3.000 ppb, todavía hay un 28% de propóleos que sobrepasan el máximo estipulado. El plomo en los propóleos brutos se atribuye a la recogida, el combustible ahumador, la impermeabilización de la colmena y el lugar de ubicación de las mismas.
«La identificación de los compuestos alergénicos, como el CAPE y el cafeato de isoprenilo, la presencia de polen, los restos de apixotina y plomo hallados en propoléos bruto de Castilla y León hace necesario el desarrollo de sistemas que limiten dichas sustancias garantizando la inocuidad del producto», así como «informar y educar al consumidor sobre su posible alergenicidad», apunta este investigador que además de farmacéutico estudió Ciencia y Tecnología de los Alimentos.
Los análisis polínicos agruparon un total de 49 familias botánicas tras el examen microscópico de nada menos que 55.795 (86% identificados) granos de polen. Tan sólo 3 familias reunieron más del 50%. Se trata de las familias de las Fagaceae (castaños, encinas), Asteraceae (Compuestas) y Ericaceae (brezos).
En cuanto al polen, predominan de forma mayoritaria las gramíneas, el plantago (llantén) y Pinus. Una de las novedades de este estudio hace luz sobre las posibles materias primas de los propóleos a partir de especies de centaureas así como de ericaceas, entre otras, explica Adanero.
Estos análisis no son concluyentes para establecer un indicador de sobre el origen botánico de los propóleos estudiados, en cambio, sí son significativos para establecer la ubicación geográfica de las colmenas, precisa Adanero.
Por último, el autor de la tesis hace mención en sus conclusiones a los análisis microscópicos, como «herramienta fundamental para identificar el propóleos al poner en evidencia elementos propios de este producto como polen, ácaros, tricomas, tejidos vegetales y animales o esporas», precisa.
A falta de estudios clínicos que determinen los efectos científicos de los propóleos, pues son todavía inexistentes, y «no sabemos lo que ocurre cuando los ingerimos», añade, el autor de la tesis subraya que no deben consumirse propóleos brutos por contener sustancias no deseables como los alérgenos y el plomo. «Se debe consumir el extracto de propóleos», puntualiza. En cuanto a la elaboración y comercialización insiste en que hay que hacer una norma de calidad y formar a los apicultores en buenas prácticas de manipulación e información al consumidor.