Cada vez más personas enseñan sus lunares a una IA y una dermatóloga avisa sobre ChatGPT: «Tu piel no es un prompt»
La dermatóloga Claudia Ancer advierte de los riesgos de utilizar ChatGPT para diagnosticar lunares o diseñar tratamientos personalizados y recuerda que la inteligencia artificial informa, pero no sustituye una exploración médica

La valoración visual directa y el uso de herramientas dermatológicas permiten examinar un lunar con más precisión que una fotografía enviada a una inteligencia artificial.
Cada vez resulta más habitual recurrir a ChatGPT para resolver dudas sobre acné, manchas, caída del cabello o ingredientes cosméticos. La inteligencia artificial puede traducir términos médicos, explicar para qué sirve el retinol o ayudar a preparar las preguntas de una consulta. El problema comienza cuando el usuario deja de pedir información general y sube la fotografía de un lunar, una herida o una erupción esperando obtener un diagnóstico fiable. En ese momento, una herramienta útil puede convertirse en una falsa sensación de seguridad.
La dermatóloga Claudia Ancer, responsable de la cuenta de Instagram de Innoderma, lo plantea de manera directa en uno de sus vídeos: «¿ChatGPT sustituye a una consulta dermatológica? La verdad es que no». La especialista advierte de que enviar una imagen de una lesión o del rostro para solicitar un diagnóstico y un tratamiento no equivale a ser valorado por un profesional formado en enfermedades de la piel, el cabello y las uñas.
Una imagen tomada con el móvil está condicionada por la iluminación, el enfoque, la distancia, la cámara y el tono de la piel. Tampoco permite palpar la lesión, comprobar su textura ni conocer con precisión su evolución. El dermatólogo, además de observarla directamente, puede utilizar un dermatoscopio para estudiar estructuras que no resultan visibles a simple vista y decidir si es necesario hacer seguimiento, extirparla o analizar una muestra.
Por eso, enseñar un lunar a ChatGPT no debería utilizarse para descartar una enfermedad. OpenAI especifica que sus herramientas de salud están diseñadas para apoyar al usuario y ayudarle a comprender información, no para sustituir la atención clínica ni proporcionar diagnósticos o tratamientos.
La Academia Americana de Dermatología también alerta de que las aplicaciones que ofrecen varias posibilidades diagnósticas y dejan en manos del usuario la elección de la respuesta correcta pueden causar más daño que beneficio. La tecnología puede orientar, pero interpretar una lesión cutánea exige formación clínica y contexto.
Esta diferencia se entiende mejor al conocer cómo se utiliza la tecnología cuando sí forma parte de un circuito sanitario. Cigna Healthcare aplica la IA en dermatología explica la incorporación de una herramienta de análisis de imágenes dentro de un servicio médico virtual. No se trata de confiar ciegamente en una respuesta automática, sino de integrar la inteligencia artificial en una atención supervisada.
ChatGPT y los lunares: el riesgo de tranquilizarse con una respuesta errónea
El mayor peligro no consiste únicamente en que ChatGPT confunda una lesión. También puede ocurrir que una respuesta aparentemente tranquilizadora retrase la consulta con el dermatólogo. Una fotografía aislada no siempre permite apreciar que un lunar está cambiando de tamaño, forma o color, precisamente uno de los datos que puede hacer necesaria una valoración profesional.
El mensaje de los especialistas es claro: un lunar nuevo, diferente a los demás o que empieza a cambiar debe revisarse. El sangrado, el picor persistente, la aparición de una costra o una herida que no termina de curarse también justifican una consulta. No significa que la lesión sea necesariamente maligna, pero sí que no debería descartarse mediante una conversación digital. La piel tiene memoria: nueve de cada diez cánceres cutáneos están relacionados con el sol recoge la recomendación del dermatólogo Eduardo Nagore de consultar cuando una mancha destaca respecto a las demás o cambia de tamaño, forma o color.
La inteligencia artificial aplicada a la dermatología no debe confundirse con un chatbot de uso general. Existen dispositivos médicos que analizan lesiones cutáneas mediante algoritmos, pero su desarrollo, indicación y supervisión están sujetos a controles específicos. La FDA incluye los sistemas de imágenes que ofrecen información diagnóstica sobre el cáncer de piel entre los ejemplos de software médico basado en inteligencia artificial.
ChatGPT y las rutinas de piel: una recomendación automática también puede irritar
El riesgo no termina en los lunares. Claudia Ancer asegura haber atendido a pacientes que fotografiaron sus productos, pidieron a ChatGPT que les confeccionara una rutina y terminaron con dermatitis, irritación o sequedad. «No pongas en riesgo tu piel y acude a consulta para hacerte una valoración y darte tratamiento», insiste.
Una rutina aparentemente sencilla puede combinar demasiados activos irritantes. Retinoides, exfoliantes químicos, peróxido de benzoilo o vitamina C no son intercambiables ni adecuados para todas las personas. La concentración, la frecuencia de aplicación, la tolerancia individual, los medicamentos utilizados y la existencia de rosácea, eccema o alergias pueden cambiar por completo una recomendación.
ChatGPT puede ayudar a reconocer qué productos contienen ingredientes potencialmente irritantes y explicar cómo suelen utilizarse, pero no conoce la historia clínica completa ni puede observar cómo responde la piel con el paso de los días. Tampoco debería indicar la suspensión o sustitución de un tratamiento prescrito sin la valoración del profesional responsable.
Salud y bienestar
Una dermatóloga lo deja claro: la temperatura de la ducha que protege la piel no es la que imaginas
Patricia de la Torre
Cómo utilizar la IA sin poner la piel en riesgo
La frontera más segura está entre informarse y diagnosticarse. Se puede utilizar ChatGPT para entender un término incluido en un informe médico, preparar dudas antes de visitar al dermatólogo o conocer de manera general la función de un ingrediente. También puede servir para organizar la información que se llevará a consulta, como la fecha en la que apareció una lesión, los cambios observados o los productos empleados.
Lo que no debería hacer es emitir el veredicto definitivo sobre un lunar, prescribir un tratamiento personalizado o garantizar que una lesión es inofensiva. «Tu piel no es un prompt», resume Innoderma en la publicación.