Una dermatóloga lo deja claro: la temperatura de la ducha que protege la piel no es la que imaginas
La dermatóloga Aldana Vacas explica por qué una ducha con agua templada, alrededor de los 36 grados, resulta más respetuosa con la barrera de la piel, especialmente en personas con sequedad, sensibilidad o dermatitis atópica

Evitar el agua demasiado caliente ayuda a reducir la pérdida de lípidos naturales y la sensación de sequedad o tirantez.
La ducha caliente puede ser uno de los momentos más reconfortantes del día, pero también un hábito poco amable con la piel cuando la temperatura es demasiado elevada. La médica dermatóloga Aldana Vacas ha explicado en sus redes sociales por qué el agua templada, e incluso ligeramente fresca cuando se tolera bien, es una opción más respetuosa con la barrera cutánea.
«El agua es deslipidizante», advierte la especialista. Con esta expresión se refiere a su capacidad para retirar parte de los lípidos naturales que recubren la superficie de la piel. Cuanto más caliente está el agua y más se prolonga la ducha, mayor puede ser ese efecto de arrastre.
La dermatóloga utiliza una comparación tan doméstica como reveladora: la grasa de los platos se elimina con mayor facilidad cuando se lavan con agua caliente. En la piel sucede algo parecido, con una diferencia importante: esa grasa natural no es suciedad que debamos eliminar por completo, sino una parte esencial de nuestro sistema de protección.
La ducha con agua caliente puede debilitar la barrera de la piel
La capa más externa de la piel funciona como una barrera que limita la pérdida de agua y ayuda a protegernos frente a agentes irritantes. En ella intervienen diferentes lípidos, como las ceramidas, el colesterol y los ácidos grasos.
Cuando una ducha es muy caliente o demasiado larga, puede favorecer la eliminación de parte de esos componentes y aumentar la sensación de tirantez. «La piel necesita esa grasa», recalca Aldana Vacas.
El efecto puede pasar desapercibido en una piel resistente, pero resultar mucho más evidente en quienes ya presentan sequedad, descamación, picor, sensibilidad o una función barrera alterada.
La temperatura de la ducha que recomienda la dermatóloga Aldana Vacas
Según la doctora, la temperatura del agua debería situarse aproximadamente entre los 36 y los 37 grados y, a partir de ahí, ser tan fresca como cada persona pueda tolerar. Esto no significa que sea obligatorio ducharse con agua helada ni sufrir bajo el grifo para cuidar la piel.
Esa precisión es importante porque las duchas frías se han convertido en una tendencia asociada al bienestar, la recuperación deportiva y la crioterapia. Sin embargo, proteger la barrera cutánea no exige adoptar temperaturas extremas. Una ducha breve con agua tibia puede ser suficiente para reducir el impacto sobre los lípidos de la piel.
El consejo de Aldana Vacas cobra especial relevancia en pacientes con piel seca, sensible, tendencia a los eccemas o dermatitis atópica. En estas personas, la barrera cutánea suele ser más vulnerable y pierde agua con mayor facilidad.
El agua caliente puede intensificar la tirantez, el enrojecimiento y el picor. El NHS británico recomienda precisamente baños o duchas templadas en personas con eccema y desaconseja el uso de jabones y detergentes agresivos, que pueden agravar la irritación.
La temperatura, sin embargo, no es el único factor que interviene. La duración de la ducha, el tipo de gel, la frecuencia del lavado y la manera de secarse también importan. Frotar enérgicamente con una toalla puede irritar una piel ya sensibilizada, mientras que secarla mediante pequeños toques y aplicar después una crema emoliente ayuda a conservar la hidratación.
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Patricia de la Torre
El gesto más eficaz después de una ducha templada es hidratar la piel cuando todavía está ligeramente húmeda. De esta forma, el producto emoliente ayuda a retener parte del agua en la superficie cutánea.
Las cremas y los ungüentos suelen resultar más nutritivos que las lociones muy ligeras cuando existe sequedad intensa. También conviene elegir fórmulas sin perfume si la piel es reactiva, atópica o propensa a las irritaciones.
Entre los ingredientes utilizados para mejorar la hidratación se encuentra la urea, una sustancia que forma parte del factor natural de hidratación de la piel. Su acción y sus diferentes concentraciones se explican en Urea: ¿qué es y para qué sirve? El ingrediente clave para hidratar y reparar la piel.