Rocío Práxedes, nutricionista: «El melocotón, la ciruela y el calabacín también hidratan, pero el agua sigue siendo la bebida principal»

La dietista-nutricionista Rocío Práxedes explica qué frutas, verduras y preparaciones frías ayudan a hidratarse durante el calor y por qué el agua debe continuar siendo la bebida principal

La ciruela es una de las frutas menos conocidas por su capacidad para contribuir a la hidratación gracias a su alto contenido en agua y minerales.Unsplash

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Cuando las temperaturas suben, la hidratación no depende únicamente de los vasos de agua que bebemos. Una rodaja de sandía, un tomate fresco, un plato de gazpacho o una crema fría de calabacín también pueden aportar una cantidad importante de líquido. Sin embargo, convertir estos alimentos en sustitutos completos del agua es un error.

Según ha explicado a Europa Press la dietista-nutricionista Rocío Práxedes, numerosas frutas y verduras de temporada contienen cerca de un 90% de agua, además de minerales como el potasio. Entre las opciones más interesantes para los días de calor cita la sandía, el melón, el melocotón, la ciruela, el pepino, el tomate, el calabacín y las hojas verdes.

También pueden ayudar preparaciones como el gazpacho, las sopas frías, las infusiones sin azúcar o el agua aromatizada con limón, hierbabuena o pepino. La ventaja es evidente: permiten aumentar el consumo de líquidos al mismo tiempo que aportan fibra, vitaminas y otros compuestos presentes en los alimentos vegetales.

Los alimentos hidratantes ayudan, pero no sustituyen al agua

El cuerpo obtiene agua tanto de las bebidas como de los alimentos. La cantidad concreta que procede de cada fuente depende de la alimentación, la temperatura ambiental, el nivel de actividad física, la edad y el estado de salud.

Una persona que consume abundantes frutas, verduras, sopas frías o yogures incorporará más agua a través de la comida que otra cuya dieta se base principalmente en productos secos, salados o ultraprocesados. Aun así, esto no significa que pueda olvidarse de beber.

Los alimentos ricos en agua contribuyen a la hidratación, pero el agua debe seguir siendo la bebida de referencia, es la idea esencial que se desprende de las recomendaciones de Práxedes.

La sandía y el melón resultan especialmente atractivos porque combinan agua, sabor dulce y una textura refrescante. El pepino, el tomate, las hojas verdes y el calabacín también permiten aumentar el aporte hídrico de una comida sin necesidad de realizar grandes cambios.

El problema aparece cuando se interpreta que comer fruta elimina la necesidad de beber. Durante una jornada muy calurosa, al practicar deporte o después de permanecer varias horas al aire libre, las pérdidas por el sudor pueden superar ampliamente la cantidad de líquido obtenida con los alimentos.

El gazpacho es una de las preparaciones más completas para el verano porque reúne tomate, pepino, aceite de oliva y otras hortalizas en una receta fresca y fácil de consumir. Puede ser especialmente útil cuando el calor reduce el apetito y cuesta introducir verduras en las comidas.

Las versiones envasadas pueden ser igualmente prácticas, aunque resulta recomendable revisar la información nutricional. La cantidad de sal adquiere especial importancia cuando se consumen varias raciones al día o cuando existen problemas de hipertensión, enfermedad renal o indicaciones médicas específicas.

Una cantidad moderada de sal no convierte automáticamente el gazpacho en una mala elección. El sudor también arrastra electrolitos, pero en la mayoría de las situaciones cotidianas el agua y una alimentación equilibrada suelen resultar suficientes para reponerlos.

Las bebidas con electrolitos pueden tener sentido durante un ejercicio prolongado e intenso o ante pérdidas importantes ocasionadas por vómitos o diarrea. No deben confundirse con refrescos, bebidas energéticas o preparados deportivos consumidos sin necesidad.

La cerveza fría no es una buena bebida para hidratarse

Pocas bebidas generan una sensación de frescor tan inmediata como una cerveza muy fría. Sin embargo, esa percepción no significa que sea una opción adecuada para reponer líquidos durante el calor.

El alcohol tiene efecto diurético y puede favorecer una mayor pérdida de líquidos, especialmente cuando se consume en cantidad o durante una jornada de altas temperaturas.

Además, puede alterar la percepción de las señales corporales y dificultar que se reconozcan a tiempo síntomas como el agotamiento, el mareo o la debilidad. Por esa razón, una cerveza no debería contarse como si fuera un vaso de agua.

Los refrescos y las bebidas energéticas tampoco ocupan el mismo lugar. Aunque contienen agua, pueden aportar grandes cantidades de azúcar y, en algunos casos, cafeína. Un consumo ocasional no provoca necesariamente una deshidratación inmediata, pero no constituye la mejor estrategia para cubrir las necesidades habituales de líquido.

Los helados, granizados y sorbetes alivian la sensación de calor porque se consumen a baja temperatura. También contienen agua, pero eso no los convierte en productos especialmente indicados para hidratarse.

Muchos incorporan cantidades elevadas de azúcar y, en el caso de ciertos helados, también grasas y una elevada densidad energética. Pueden formar parte de una alimentación equilibrada de manera ocasional, pero no deberían utilizarse como sustitutos del agua.

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La fruta entera ofrece una ventaja adicional. Una rodaja de sandía, un melocotón o unas ciruelas aportan agua, fibra y requieren masticación, lo que favorece una mayor sensación de saciedad. Los zumos, sorbetes y granizados concentran con más facilidad azúcares y suelen saciar menos.