Crónica | a. gaitero
«No es un problema banal»
La vejiga hiperactiva es una enfermedad crónica poco conocida, afecta a la calidad de vida y sobre todo a mujeres
La vejiga hiperactiva «no es una enfermedad mortal, pero afecta a la calidad de vida de las personas que la sufren y no es un problema banal», asegura el urólogo del Hospital de León Iván González Rodríguez.
Es un problema que «no surge de repente, sino que es progresivo» y cuya determinación clínica más fiable es el estudio urodinámico. Es irreversible, así que lo único que puede hacer la sanidad hoy por hoy es paliar los síntomas.
«Afecta sobre todo a las mujeres», asegura el médico, por lo que se ha especulado sobre posibles causas hormonales. «Pero no se sabe a ciencia cierta», matiza. Salvo en los casos en que la vejiga hiperactiva sea de carácter secundario -”por otras enfermedades-” «acudir antes o después a las consultas no tiene repercusiones sobre el pronóstico».
La efectividad del tratamiento depende mucho de la exigencia de la persona afectada: «Tener que ir cada poco al servicio no es lo mismo para una persona que vive en el campo, que para alguien que trabaja en una oficina o un puesto sin un baño a mano», aclara el médico.
Se cree que las consultas no se corresponden aún con el impacto del problema, aunque se han roto algunos tabús. «Antes la gente apenas venía a la consulta como sucedía con los problemas de disfunción eréctil, que se asumían como normales, pero actualmente está más arraigada la idea de que llevar una vida con salud es algo más que la ausencia de enfermedad», opina el médico.
Según estudio de Pfizer, «el 67 por ciento de la población desconoce este problema cuya prevalencia (17%), es mayor que otras enfermedades de conocimiento más generalizado como la depresión, el asma (8%) o la diabetes (6%)». Este laboratorio acaba de desarrollar un nuevo fármaco a partir de fesoterodina. Un 40% de las personas encuestadas se muestran reacias a acudir al especialista por pudor.