Una de cada cinco personas de más de 40 años padece de vejiga hiperactiva

El servicio de Urología del Hospital de León realiza al año unas 250 pruebas urodinámicas, la mayoría de las veces para estudiar problemas de incontinencia

León

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Miccionar más de ocho veces al día y sentir una necesidad repentina de orinar son dos de los síntomas claros de la vejiga hiperactiva. Una enfermedad crónica que afecta a una de cada cinco personas de más de 40 años, según un estudio poblacional realizado en 2005, que en León eleva a 50.000 los casos estimados.

Según el doctor Iván González Rodríguez, urólogo del Hospital de León, la vejiga hiperactiva genera no más de un 5-8% de las consultas que se atienden en este servicio. «Lo sufren mucho las mujeres y a veces no saben que lo tienen. Piensan que es cosa de su naturaleza», aclara.

La enfermedad puede tener un carácter primario o ideopático, caso en el que afecta mayoritariamente a mujeres, o ser causada por otras patologías, como son los tumores, próstata benigna, cistitis... El tratamiento depende del diagnóstico.

Por eso es «imprescindible», alega el médico, «acudir a la consulta especializada en urología para realizar los estudios clínicos y el diagnóstico definitivo mediante un estudio urodinámico».

Lista de espera. El Hospital de León realiza unos 250 estudios al año, en la mayoría de los casos debido al síndrome de la vejiga hiperactiva. «Es una prueba que sólo realizamos tres médicos del servicio por lo que existe lista de espera», admite el especialista.

Una vez que se obtiene el resultado se decide el tipo de tratamiento. Si es una vejiga hiperactiva de tipo primario o ideopático, «existen bastantes fármacos con una tolerancia bastante alta y hay que esperar a ver los resultados que tiene sobre cada persona», explica.

Sólo en el caso de que el tratamiento farmacológico no resulte útil se acude a la opción del bótox, que supone una intervención quirúrgica. En León se han realizado «muy pocos» tratamientos con bótox. Consiste en la inyección de esta toxina, más conocida por sus usos en cirugía plástica, en la vejiga para lograr el efecto de inmovilización del músculo, hacerlo flácido e impedir que se contraiga de manera involuntaria.

Para el doctor Iván González, «el tratamiento de bótox tiene la ventaja de que mejora los síntomas pero tiene fecha de caducidad: hay que reinyectar a la paciente cada nueve meses o un año». Actualmente hay una persona en lista de espera para este tratamiento en León.

Como tercer tratamiento está la opción del marcapasos. Es un tratamiento muy infrecuente, mioritario y complicado que por ahora no se realiza en el Hospital de León. «Se suele realiza en centros de referencia de problemas neurológicos», explica el médico.

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Consiste en el implante de un dispositivo electrónico que envía impulsos a los nervios que salen del sacro y llevan la inervación a la vejiga, de modo que controla la cantidad de los impulsos. Este tratamiento «requiere también de un entrenamiento específico de los pacientes».