martes 11/8/20

Europark, 25 años de sueño frustrado

Fue el primer centro de ocio y turismo de la provincia, un proyecto pionero en León, referencia en varios países europeos

Las transformación de la ‘finca del belga’, la mayor superficie agraria del país dedicada al lúpulo, en una idea innovadora. Una muerte marcó su final. Del declive a la desaparición. Así lo recuerda, 25 años después, su impulsor y director

Europark, 25 años de sueño frustrado

En 1995 se inauguró en Manzaneda de Torío uno de los centros de ocio y turismo más ambiciosos que ha podido tener la provincia de León, el complejo Residencial Europark.

Por los años ochenta mi tío Andrés me había confiado la administración de la mayor finca productora de lúpulo de España, sustituyendo al señor Mantero tras su jubilación.

La finca contaba para las campañas de pela con la joya de la corona del mercado, la máquina Allais, un puzle gigante articulado en enormes plataformas color butano, única en su género y traída con especial mimo por la familia Schrurs-Tyberguein, con complementos para laboratorio, secado y cintas transportadoras espectaculares para la época.

Me llamó por entonces la atención que, siendo la finca del belga la más productiva en lúpulo, nunca se hubiera construido una o varias fábricas de cerveza en la provincia de León.


Son esas cosas que nunca llegas a entender, y ahondando en ello pude constatar que en los años sesenta ya lo habían intentado inútilmente los propios dueños belgas, tras superar no pocos obstáculos en la frontera española para introducir las primeras plantas traídas a Manzaneda.

Posteriormente, en los años setenta había servido para dar a conocer y extender el lúpulo con gran éxito, principalmente por la ribera del Órbigo por el clima más benigno que tenía para esta clase de cultivo.

Siendo la ‘finca del belga’ la más productiva en lúpulo, era llamativo que nunca se hubiera construido una fábrica de cerveza en la provincia

En plena reconversión industrial, la Comunidad Europea hizo mella en el sector agrícola y el Mercado Común estableció un cupo máximo de producción, teniendo los propietarios que levantar el sesenta por ciento de la plantación y con ello abandonar el negocio emprendido, privando de trabajo a las gentes del Torio que durante tantos años habían acomodado muy bien a sus familias.

Al plantearse los dueños vender la finca, les propuse transformar la misma en un centro turístico y de ocio, al estar asentada en un marco excepcional en plena naturaleza y a escasos minutos de León.

La idea les gustó mucho, de modo que, con la ilusión de todo desafío por delante, recibí el encargo de construir y dirigir el complejo Residencial Europark, poniéndome a ello con el arquitecto Ángel Román, representado en una magnífica maqueta que impactaba allá donde se exhibía, con sorprendente aceptación en Asturias y en Fitur los tres años que acudimos a Madrid.

Con un presupuesto inicial de quinientos millones de pesetas comencé los trámites de recalificación de los terrenos y la adaptación de la finca al proyecto. Mi primo José Andrés trabajó como un titán en el empeño, Geròme, el viejo profesor, se prestó gustoso a traducirnos al francés los textos publicitarios y su hijo Ghislain nos propició el contacto con EuroCamp, el mayor tour operador de viajes para caravanas en Europa.

El sábado 15 de julio había amanecido un día precioso, como un guiño a la esperanza de algo muy grande que teníamos por delante.

Un contratiempo marcó el futuro de Europark: Frans Schrus, el inversor del proyecto, falleció inesperadamente y sus hijos , León y Carine, ajenos a negocios turísticos, no estaban interesados

Con la presencia de notables autoridades de la provincia de León, y con Pedro Trapiello de maestro de ceremonias -pues en el caserío de la finca había nacido-, fue inaugurado y abierto al público el complejo Residencial Europark, erigiéndose la ermita de las Manzanedas como imagen y símbolo del mismo tras las gestiones de un entusiasmado don Jacinto, en agradecido tributo a esta joya románica que presidía majestuosa las instalaciones desde su torre milenaria, abriéndose la cafetería, restaurante, camping, pista polideportiva, campos de fútbol y rugby, minigolf, rutas para bici y caballo, talleres de naturaleza y senderismo, y preparado lo necesario para asentar las piscinas, pistas de tenis y lago de pesca, y en trámite los anteproyectos de los bungalows del camping, el albergue de turismo rural, el museo de lúpulo y la urbanización de chalés de estilo flamenco Wolfgang Verraes.

Todo un reto hecho realidad, si bien un contratiempo podría marcar, como así fue, el futuro de Europark, pues Frans Schrus, el inversor del proyecto, había fallecido inesperadamente en noviembre y sus hijos León y Carine, ajenos a negocios turísticos, no estaban interesados en él, lo que hacía que, como gerente, tuviese que dar solución a las deudas contraídas y afrontar el futuro incierto del propio proyecto.

Con esta carga e incertidumbre puse en marcha Europark, funcionando cinco años como un centro de ocio y recreativo de forma encomiable, aprovechando al máximo las instalaciones construidas gracias al papel preponderante que tuvieron desde un principio Beatriz y Luis Fernando, y más tarde Sedano, con los que me asocié para gestionar el complejo tras aportar un dinero en común, hasta poder encontrar el socio o socios capitalistas que, con o sin nosotros, se implicase en el proyecto turístico y pusiesen las cuentas a cero.

Muchos recordarán el trajín y movimiento social que tuvo Europark todo ese tiempo, siendo un lugar muy demandado por numerosos colegios e instituciones culturales y deportivas, reclamo masivo de colonias juveniles los veranos, magistralmente organizadas por la empresa Hueco, con Raúl y su equipo dirigiendo con maestría todo tipo de actividades al aire libre, logrando tener una clientela fija por el esmerado servicio de restauración, donde la caldereta de cordero y la crema de limón -especialidades de Beatriz-, hacían las delicias de cuantos visitaban el complejo, principalmente los fines de semana y festivos, brillando en calidad y participación los torneos de fútbol veterano preparados con exquisito mimo, llegando a copar una gran fama y costumbre entre los numerosos aficionados que acudían en masa, bien a jugar, o a ver entrenar al primer equipo de la Cultural las tardes de los jueves en el impresionante campo de fútbol de hierba natural. Las ceremonias y acontecimientos familiares en la ermita, adornada para los eventos con exquisito gusto y delicadeza por las féminas del pueblo vistiendo a la Virgen con sus mejores galas, completaban el escenario de un futuro muy prometedor.

Como era de prever, el panorama que tenía el complejo no contribuía a una andadura fácil, máxime cuando tuvo que ser administrado judicialmente por las deudas que arrastraba.

"Ni mi alerta al Juzgado sirvió para nada, convirtiéndose los acreedores en víctimas de la propia justicia, lo que fue muy decepcionante para mi"

En el año 2000 se habían postulado varios potenciales compradores en el Juzgado, lo que hacía presagiar la continuidad del complejo y consolidar el proyecto turístico, pero no fue así, pues quien finalmente resultó ser el comprador de la finca optó por hacerlo a su manera, prescindiendo de nosotros, con lo cual al finalizar la temporada de verano cesamos en la actividad.

En noviembre de 2000 le entregué con inmensa pena las llaves del complejo, y me ofrecí abiertamente para todo consejo y orientación sobre el proyecto, sin mostrar el comprador interés alguno por ello. Meses después supe que los acreedores o no cobraron o se les hizo unas quitas abusivas e indecentes. Incluso nosotros cuatro tuvimos que liquidar los préstamos bancarios que habíamos destinado al complejo. Ni mi alerta al Juzgado sirvió para nada, convirtiéndose los acreedores en víctimas de la propia justicia, lo que fue muy decepcionante para mi.

Puede que los malos hados se aliasen con el complejo haciendo justicia a la propia injusticia. Lo cierto es que, tras tomar posesión el nuevo comprador, el complejo cayó en picado y con el tiempo se cerró, estado en el que permanece veinte años después, con sus instalaciones ruinosas y la finca reconvertida a su origen agrícola repleta de árboles.

Una verdadera lástima ante tanto esfuerzo y dedicación. Cuando menos me congratula saber y poder decir, no sin resignación y acritud, que Europark fue auspiciado, gestado, construido y explotado bajo mi dirección, con una trayectoria impecable y meritoria de cuantos nos implicamos en el proyecto y una participación muy estrecha con las gentes de Manzaneda y la ribera del Torío, estando convencido de que, de haber recogido el testigo un emprendedor serio, responsable y comprometido con lo que adquiría, Europark no habría dejado ninguna víctima por el camino, y hoy sería el prestigioso complejo turístico, pionero en la provincia de León, que llegó a ser y para el que había sido ideado, donde me sigo recreando con el vals de Brujas de Bloedend Hart, pescando anguilas en el lago, con los críos saltarines en los toboganes acuáticos, con los conciertos de música en el caserío, paseando a caballo y en bici por las sendas y circuitos que trazamos con tanto esmero, o degustando con Sebastiana, Benigno, Julita, Luisa, Dora, Antonio, Gelines y tantas otras personas de bien de Manzaneda, los riquísimos bollos y mazapanes que nos hacían, todo ello ya historia e imborrable recuerdo para siempre.

Europark, 25 años de sueño frustrado