miércoles 5/8/20
Tesoros

El misterio del santo grial de la piratería

Un millonario tesoro pirata, cuya búsqueda se prolonga durante más de un siglo a través de criptogramas, trae de cabeza a Cruise-Wilkins en las islas Seychelles
Supuestas marcas piratas en una roca de la playa Bel Ombre, en la isla de Mahé (Seychelles). EFE
Supuestas marcas piratas en una roca de la playa Bel Ombre, en la isla de Mahé (Seychelles). EFE

«¡Que encuentre mi tesoro el que pueda entenderlo!», clamó hace casi tres siglos en el cadalso el legendario pirata francés Olivier Levasseur, alias El Gavilán, un grito que dio pie a un misterio todavía por resolver en Seychelles. La multitud congregada el 7 de julio de 1730 en Saint-Denis, en la colonia francesa de la isla de Bourbon (actual Reunión), donde Levasseur fue condenado a la horca por sus correrías, quedó estupefacta por la inesperada exclamación «in extremis». Acto seguido, el filibustero, ya con la soga al cuello y a las puertas del sueño eterno, sacó de un collar un criptograma de diecisiete renglones y lo arrojó al gentío, que a golpes —y hasta mordiscos— intentó atrapar el pergamino.

Su grito resonó dos siglos después en los oídos de la señora Rose Savy, quien en 1923, durante un paseo por una playa del distrito de Bel Ombre en Mahé, avistó unas marcas extrañas esculpidas en unas rocas. Obtuvo una copia del criptograma de El Gavilán y el documento fue autentificado por la Biblioteca Nacional de París. La mujer excavó y descubrió esqueletos con pendientes de oro. Pero, incapaz de descifrar el enigma, abandonó la búsqueda y vendió el papel a Reginald Cruise-Wilkins, exguardia de Coldstream. El exmilitar creó que Levasseur enterró el botín inspirado en los «Doce trabajos de Hércules», que representan las pistas que hay que decodificar. Cruise-Wilkins rastreó y excavó durante 27 años el litoral de Bel Ombre. Tras empeñar ahorros y salud en la búsqueda, el infatigable cazador de tesoros murió en 1977 sin descifrar un último eslabón del criptograma. Su hijo John Cruise-Wilkins, tan tozudo como su padre o más, tomó el testigo. «¡Oh, sí. Claro que aún buscamos el tesoro!», confirma por teléfono desde Seychelles este historiador con el entusiasmo de un niño que acaba de leer las aventuras del pirata Barbanegra.

El Covid-19 ha parado la búsqueda de un tesoro que tendría hoy un valor de «unos 200 millones de libras esterlinas (222 millones de euros)», aunque si llegara a descubrirse, «el 50 por ciento sería para el Gobierno por ley». Por si fuera poco, el botín de Levasseur representa «el Santo Grial de la piratería, como el faraón Tutankamón lo es para la egiptología», sostiene.

El misterio del santo grial de la piratería