viernes 28/1/22

LA TIERRA MÁS NUEVA DEL MUNDO

España mide oficialmente 506.030 kilómetros cuadrados. Es una cifra redonda, sin coma a la derecha. Pero dentro de unas semanas, cuando el volcán de Cumbre Vieja decida apagar su fuego y deje de expulsar lava al mar, habrá crecido en algún kilómetro más
                      Un sendero que conduce a uno de los volcanes dormidos en la isla canaria de La Palma. GREG MONTANI
Un sendero que conduce a uno de los volcanes dormidos en la isla canaria de La Palma. GREG MONTANI

Mientras lee estas líneas, nuestro país sigue extendiéndose centímetro a centímetro a medida que la plataforma lávica va ganando terreno al océano Atlántico por el aporte de las coladas. En las tres semanas de erupción, La Palma, el archipiélago y España han crecido en casi 40 hectáreas, algo menos de medio kilómetro cuadrado. La erupción de San Juan, en 1949, en la misma isla, hizo crecer el territorio en cuatro kilómetros cuadrados. Y la del Teneguía, hace justo 50 años, en otros dos kilómetros.

Ese origen volcánico de Canarias —la base de las islas tiene un millón de años— es el que ensancha su territorio como en ningún otro lugar de España. De hecho, según el geógrafo canario Cayetano Guillén, el archipiélago ha extendido su superficie en 19 kilómetros cuadrados, todos ganados al mar, por las distintas erupciones de los últimos cinco siglos.

La primera erupción documentada se produjo en Montaña Quemada, muy cerca de la actual de Cumbre Vieja. Aunque las crónicas no concretan una fecha, se sitúa entre 1430 y 1440. A lo largo de estos 600 años se han sucedido 17 erupciones —ocho en La Palma)—y casi todas han terminado en el mar, lo que ha ampliado la línea de costa en casi veinte kilómetros cuadrados.

Los ríos de lava solidificada que estos días descienden por las laderas hasta el océano irán incrementando poco a poco la superficie de La Palma, conformando la tierra más nueva de España. Y, por ahora, del mundo. ¿Hasta dónde? «Por ahora sabemos que el delta lávico que está generando la erupción de Cumbre Vieja ha generado un aumento de superficie de cerca de 40 hectáreas. Pero es una foto temporal. No hay previsión de que termine a corto plazo y en Canarias hay ejemplos magníficos de plataformas lávicas mucho mayores, como la que se generó por la erupción de San Juan», cuenta el profesor de Geografía de la Universidad de La Laguna, en Tenerife, y miembro del Colegio Profesional de Geógrafos.

Lo que se gane al mar tendrá consecuencias a la hora de fijar las mediciones exactas de la superficie de nuestro país, cosa en la que, por cierto, nadie parece ponerse de acuerdo. Los geógrafos, por ejemplo, suelen dar por buena la cifra de 505.989,8 kilómetros cuadrados —la redondean a 505.990—, en línea con lo que señala el Instituto Nacional de Estadística. Naciones Unidas la sitúa en 505.957 mientras que el Ministerio de Medio Ambiente, en un dato de 2005, la reduce a 504.645. Si bien la cifra oficial es la que maneja Presidencia del Gobierno, que la fija en 506.030 kilómetros cuadrados (40 más que la primera). Este vaivén de números contrasta con la exactitud que se espera de una ciencia que estudia los patrones físicos de la Tierra. O quizás no tanto.

«Tenemos que saber que la Tierra tiene sus propios tiempos y sus propios ritmos y nosotros estamos acostumbrados a medir los tiempos a escala humana. Y el conjunto del territorio de nuestro país está sometido a cambios constantes, especialmente en entornos litorales. Los litorales de la península ibérica son muy dinámicos. Hay zonas donde se destruye territorio, en acantilados, y otras zonas donde el territorio peninsular crece, como los deltas de los grandes ríos. Ahí se acumula material sedimentario y eso hace que la superficie aumente o disminuya en función de las mareas», ilustra Guillén, para quien la coma de esos 505.989,8 kilómetros se podría alterar «todos los años» y más aún en los territorios volcánicos, como las islas Canarias, «donde un volcán es capaz de general cambios drásticos sobre el territorio a una escala temporal humana».

Guillén no cree que el crecimiento de la fajana o delta lávico alcance las dimensiones de la de San Juan. «Seguramente será menor, aunque las dos plataformas se acabarán juntando. Hay que tener en cuenta que a partir de los 500 metros de costa, hay abismos que llegan a los 4.000 metros de profundidad».

Como canario, Guillén siente las terribles consecuencias de la erupción de Cumbre Vieja en los palmeros y su economía —«hay una parte muy emotiva que no puedes disociar», dice—, pero como geógrafo sabe que estamos asistiendo a un proceso extraordinario al poder ver en tiempo real cambios «que en otros contextos morfodinámicos no veríamos».

«Esto de ganar de repente cuarenta hectáreas al mar o lo ves en volcanismo o no lo ves», comenta. «Ver en tiempo real y a una escala que puedes manejar cómo se crean nuevos territorios, nuevos relieves y nuevas formas es realmente emocionante para un geógrafo. Es como si ves en directo cómo se creó una parte de la Tierra».

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