jueves 26/5/22
Las señales de la naturaleza

Sequía en mayo en los mil arroyos y valles de Ancares

Las estribaciones de la sierra montañosa que va desde Balboa a Candín y Peranzanes, pasando por Villafranca, Trabadelo, Vega de Espinareda y Fabero, presentan hoy una inquietante merma de sus reservas hídricas
Fondo de saco del valle donde nace el río Burbia sin reservas de nieve, visto desde el alto del «Corral de los lobos» en primer plano, a mitad de la foto tomada esta semana. M.F.
Fondo de saco del valle donde nace el río Burbia sin reservas de nieve, visto desde el alto del «Corral de los lobos» en primer plano, a mitad de la foto tomada esta semana. M.F.

Arranca mayo y la sequía en el Bierzo es palpable. Empieza a ser preocupante e incluso inquietante para algunas de las personas consultadas para este reportaje, tras recorrer el valle de Candín, el de Finolledo, el de Burbia, atravesar la Somoza por Aira da Pedra hasta desembocar en Villafranca y atravesar, finalmente, el valle de Balboa y el del río Valcarce. La premisa dominante en todos ellos es la misma: No hay neveros y las reservas del agua en origen que discurre por los mil arroyos y ríos de la zona de Ancares y el oeste de la comarca están ahora mismo bajo mínimos.

A estas alturas del año —aún cuando predomina el verde de la floración primaveral por las últimas lluvias— los cauces fluviales bajan de las montañas de Ancares muy pobres y ya empiezan a enseñar las piedras del fondo que suelen quedar a la intemperie en los meses centrales del estío, del verano.

En el idílico pueblo de Burbia (en donde da la impresión que termina el fin del mundo, para retornar de nuevo, si se dirige la vista hacia la cordillera montañosa que lo separa de Galicia), una mujer que no se deja fotografiar planta en tierra negra de huerta unas cebollas. Cuentan que ahora mismo no tienen problema de agua para regar, pero no ocultan preocupación por la situación de carencia excepcional. Estiman que si no llueve este mes o en el de junio, sí habrá problemas. Y eso, precisamente en una tierra donde nace el agua montañosa que luego abastece a los ríos Burbia o el Ancares que entrega sus aguas al Cúa; y el Balboa, que enriquece al río Valcarce con todos sus arroyos, al igual que el Barjas, al desembocar cerca de la autovía A-6, entre La Portela y Trabadelo.

Después de pasar Valle de Finolledo, al llegar a Penoselo se abre otro paisaje idílico. El verde de cien matices atrapa la vista. Sin embargo, nada más entrar en el pueblo, después de pasar el cartel con las letras metálicas de moda, se aprecia completamente seco el arroyo. Penoselo ha sabido conservar muy bien su arquitectura tradicional. Hay tejados de pizarra rústica que miran orientados al norte y su prolongada humedad ha hecho crecer gruesas colonias de musgo. Este musgo —a día de hoy— está completamente seco, a la espera de agua. Presenta un aspecto acartonado y mustio. Lo mismo sucede con el típico verde de los helechos y otros líquenes que pueblan las cunetas y pequeños regatos y arroyos. Todo seco. Sin rastro de agua.

Es más, otro ejemplo de la carencia —una vez cruzado en coche de norte a sur el valle del Burbia por una pista de tierra llena de baches— antes de llegar a Aira da Pedra es llamativa la sequía que presentan todos los sotos de castaños. Entrar en uno de ellos y pisar una mata de erizos viejos es como clavar la suela de las zapatillas en un plato de clavillos boca arriba.

Al llegar al pozo del río Burbia, en la aldea de Aira de Pedra, apenas unos metros aguas abajo el cauce deja ya ver a la intemperie las piedras del fondo. Y eso, a comienzos de mayo. «Si no llueve, en agosto las enseñará todas», dice una señora que pasa por la calle, sin quitar la mascarilla de la boca por miedo al contagio del covid.

La escena de sequía galopante, en una tierra húmeda por naturaleza, se visualiza también al pasar por los pueblos que jalonan la zona de la Somoza. Especialmente se palpa en los valles que esculpió el agua durante cientos de años en los riscos rojizos auríferos del entorno minero romano de la Leitosa. Otros años, el agua del río —a sus pies— había labrado con grandes recodos y cárcavas la tierra de aluvión y piedras, en la llanura que se expande frente a pueblos como Veguellina y Ribón. Este año, el río parece poco más que un arroyo.

El viaje por los valles de la sequía prematura, situados en el oeste berciano, ofrece estampas de similar calado por el río Valcarce y el valle de Balboa.

Ríos pobres
A estas alturas del año el río Burbia enseña ya las piedras del fondo a su paso por Aira da Pedra

Los alcaldes confirman que, aunque todo puede suceder y tener un mes de junio muy lluvioso que compense la situación, lo cierto es que mantienen la inquietud por lo que ven. «Este año es especial, muy seco, y veremos que pasa en verano, porque la cosa podría complicarse», dice el regidor de Vega de Espinareda, Santiago Rodríguez, quien, como el resto, temen problemas con los incendios, debido a que el monte ya está muy seco.

El alcalde de Candín, José Antonio Álvarez Cachón, recuerda que este año no nevó nada y la quitanieves permaneció parada; cuando se dieron inviernos de trabajar con ella hasta en 9 ocasiones. De momento no hay problemas para la ganadería que pasta en los montes del Bierzo, pero sí está puesto el ojo en las escasas reservas de agua de sus montañas.

El alcalde de Balboa, Juanjo López Peña, es claro: «Hay ya sequía y, como no llueva, habrá una sequía brutal, brutal». Rememora que los neveros aguantaban hasta agosto en Peñarrubia y hoy están secos. Lo mismo considera el alcalde Villafranca, José Manuel Pereira, a la expectativa.

Sequía en mayo en los mil arroyos y valles de Ancares
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